¿Cuánto pagaba Café del Mar en Cartagena?

Café del Mar Cartagena: El Canon de la Polémica

01/10/2025

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Cartagena de Indias, la joya del Caribe colombiano, es reconocida mundialmente por su riqueza histórica, sus murallas imponentes y una vibrante oferta gastronómica. En el corazón de esta mística, el Baluarte de Santo Domingo ha sido, durante dos décadas, el hogar de Café del Mar, un establecimiento que se convirtió en sinónimo de atardeceres mágicos y experiencias inolvidables. Su ubicación privilegiada, con vistas panorámicas al mar y a la ciudad amurallada, lo consolidó como un punto de encuentro tanto para locales como para turistas. Sin embargo, lo que parecía una relación idílica entre un negocio exitoso y un patrimonio histórico, ha llegado a su fin de manera abrupta y envuelta en una controversia que ha capturado la atención nacional: el desalojo de Café del Mar y la revelación de las cifras detrás de su arrendamiento.

¿Qué edad tiene Juan del Mar?
Juan, de 52 años de edad, es un exitoso empresario gastronómico y actor que ha sabido combinar su pasión por el servicio al cliente con su amor por el mar.

Este suceso no es un simple cambio de administración, sino el resultado de un largo proceso legal y una profunda reflexión sobre cómo se administran los bienes de uso público en Colombia. La decisión del Consejo de Estado, máxima instancia de la jurisdicción de lo contencioso administrativo, ha puesto en el ojo del huracán no solo al reconocido restaurante bar, sino también a la entidad encargada de la custodia de las fortificaciones de Cartagena, la Escuela Taller Cartagena de Indias. La pregunta que muchos se hacen, y que ha encendido el debate, es: ¿cuánto pagaba realmente Café del Mar por ocupar uno de los espacios más codiciados de la ciudad?

Índice de Contenido

El Fin de una Era en el Baluarte de Santo Domingo

Durante 20 años, Café del Mar fue una postal viviente de Cartagena. Ubicado estratégicamente en el Baluarte de Santo Domingo, uno de los puntos más emblemáticos de las fortificaciones coloniales, ofrecía a sus visitantes una experiencia única. Desde allí, era posible admirar la inmensidad del mar Caribe mientras el sol se ponía, tiñendo el cielo de tonos dorados y rojizos, un espectáculo que atraía a miles de personas anualmente y que se había convertido en un rito para muchos.

La noticia de su desalojo, impulsada por la Alcaldía de Cartagena en cumplimiento de una sentencia del Consejo de Estado, marcó el cierre de este capítulo. La sentencia es clara: ordena a la Escuela Taller Cartagena de Indias, entidad encargada de la administración de las fortificaciones, la liquidación del contrato de arrendamiento. Este proceso no fue repentino; sus raíces se remontan a una demanda interpuesta en julio de 2014 por David García Gómez, quien puso en tela de juicio la legalidad y las condiciones bajo las cuales operaba el establecimiento en un bien de uso público.

El Consejo de Estado, en su fallo, no solo validó la demanda, sino que sentó un precedente importante sobre la administración de los bienes patrimoniales y de uso público. La esencia de su argumento radica en que el arrendamiento, tal como se había concebido para Café del Mar, no es el mecanismo más adecuado para la administración de este tipo de bienes. ¿La razón? Un contrato de arrendamiento persigue un uso exclusivo y temporal, lo cual contraviene la naturaleza inalienable e imprescriptible de un bien público, que debe estar disponible para el disfrute de todos los ciudadanos.

Un Contrato Bajo la Lupa: ¿Por Qué el Desalojo?

La polémica en torno a Café del Mar no se limitaba únicamente a la idoneidad del contrato de arrendamiento. La demanda original de 2014 señalaba presuntos incumplimientos de cláusulas contractuales por parte del establecimiento. Entre las acusaciones se mencionaba que Café del Mar presuntamente había instalado pendones y cortinas, utilizado la garita (un puesto de vigilancia militar) para actividades propias del negocio, alterado la visual exterior del monumento y, lo más crítico, no había permitido la libre circulación y visita de la ciudadanía por el baluarte. Estas acciones, según la demanda, desvirtuaban el carácter público del espacio y su función como patrimonio cultural e histórico.

La esencia del fallo del Consejo de Estado se centra en el concepto de bienes de uso público. Estos son aquellos bienes cuyo uso y disfrute pertenecen a todos los habitantes del territorio, como plazas, calles, parques y, por supuesto, las fortificaciones históricas. Su característica principal es que no pueden ser objeto de propiedad privada, ni pueden ser explotados de forma exclusiva por un particular si esto restringe el acceso o el disfrute general. Un contrato de arrendamiento, al ceder un espacio a cambio de un canon para un uso exclusivo y con fines de lucro, entra en conflicto con esta naturaleza pública, especialmente cuando se trata de un monumento de la relevancia del Baluarte de Santo Domingo.

El alto tribunal, al ordenar la liquidación del contrato, no solo buscaba corregir una irregularidad en la administración contractual, sino también reafirmar el principio de que el patrimonio histórico de la nación debe ser preservado y accesible para todos, sin restricciones comerciales que limiten su función pública y cultural. Esta decisión es un recordatorio de que la belleza y el valor histórico de Cartagena pertenecen a todos los colombianos y no pueden ser privatizados, ni siquiera parcialmente, sin una justificación legal y una modalidad contractual que respete su carácter público.

La Cifra Escandalosa: 13 Millones vs. el Valor de Mercado

El punto que más ha indignado a la opinión pública y ha generado un torbellino de reacciones es, sin duda, la revelación del canon de arrendamiento que Café del Mar pagaba por el Baluarte de Santo Domingo. El alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, fue enfático al confirmar la cifra: el reconocido establecimiento pagaba solo 13 millones de pesos colombianos al mes por los 2.010 metros cuadrados que ocupaba. “Quiero aclarar que la supervisión del proceso de adjudicación lo realiza el Gobierno Nacional a través del MinCultura”, explicó el mandatario, subrayando la seriedad y el control sobre el futuro del espacio.

Para poner esta cifra en perspectiva, el secretario de Planeación de Cartagena, Camilo Rey, ofreció datos reveladores que contrastan drásticamente con lo pagado por Café del Mar. Según Rey, el arriendo mensual de un negocio en zonas aledañas al Baluarte de Santo Domingo es de al menos $60.000 pesos por metro cuadrado. Si aplicamos esta tarifa a los 2.010 metros cuadrados que ocupaba Café del Mar, el valor de mercado rondaría los $120.600.000 COP. No obstante, el mismo funcionario citó informes de prensa que elevaban la estimación:

  • Si se pagara por el área que dicen ocupar, el arriendo mensual debería ser al menos $93 millones.
  • Si se pagara por el área total entregada, la cifra ascendería a $126 millones.

La diferencia es abismal. Camilo Rey puntualizó que el canon de 13 millones de pesos que pagaba Café del Mar representaba apenas el 14% de lo que el mercado del suelo indica que deberían pagar. Esta disparidad ha generado una pregunta crucial: si Café del Mar llevó 20 años operando bajo estas condiciones, ¿cuántas de sus utilidades se debieron a que no pagaban lo sugerido por el mercado? La implicación es clara: el Estado, y por ende los ciudadanos, dejaron de percibir sumas millonarias que podrían haberse invertido en la conservación del patrimonio o en otros proyectos para la ciudad.

Comparativa de Canon de Arrendamiento: Café del Mar vs. Mercado

ConceptoMonto Mensual (COP)Observaciones
Canon pagado por Café del Mar13.000.000Durante 20 años por 2.010 m² de Baluarte
Estimado de arriendo por m² en la zona60.000 por m²Según Camilo Rey, Secretario de Planeación
Arriendo estimado según mercado (área declarada)93.000.000Monto referenciado por la Secretaría de Planeación
Arriendo estimado según mercado (área entregada)126.000.000Monto referenciado por la Secretaría de Planeación
Porcentaje del valor de mercado pagado14%El canon de 13 millones es solo el 14% del valor de mercado

Esta tabla ilustra la magnitud de la brecha financiera y el costo de oportunidad para la ciudad. La diferencia entre lo pagado y lo que el mercado sugería se traduce en cientos de miles de millones de pesos que no ingresaron a las arcas públicas a lo largo de dos décadas. Este es el corazón de la polémica y la razón principal por la que el caso ha escalado a nivel nacional.

Incumplimientos y Acusaciones: Más Allá del Dinero

Más allá del aspecto financiero, la demanda que dio origen al proceso de desalojo de Café del Mar también apuntaba a una serie de presuntos incumplimientos contractuales que afectaban directamente el carácter público y patrimonial del Baluarte de Santo Domingo. La cláusula de arrendamiento, según la demanda de 2014, establecía claramente que el negocio debía abstenerse de instalar pendones o cortinas que alteraran la estética del monumento, no utilizar la garita (una estructura militar histórica) para actividades propias del establecimiento, no alterar la visual exterior y, fundamentalmente, permitir la libre circulación y visitas de la ciudadanía.

Según el concepto del Consejo de Estado y las denuncias, Café del Mar presuntamente habría incurrido en estas faltas, transformando un espacio público de acceso irrestricto en una extensión de su negocio privado. La importancia de estas acusaciones radica en que, al limitar la libre circulación o alterar la estética de un monumento, se vulnera el derecho de todos los ciudadanos al disfrute de su patrimonio cultural.

Un punto adicional de controversia, mencionado por Camilo Rey, Secretario de Planeación, es la afirmación de que hace 20 años el lugar era un “muladar”. Rey desmintió esta versión, enfatizando que “No es cierto que hace 20 años eso era ‘un muladar’. Ese lugar era un espacio público por el que paseábamos sin enfrentar restricciones”. Esta aclaración busca rebatir la idea de que la presencia de Café del Mar fue una “salvación” para un espacio abandonado, reforzando la narrativa de que se trató de una ocupación de un bien que ya era público y accesible.

Estas acusaciones, sumadas a la disparidad en el canon de arrendamiento, pintan un panorama complejo donde la gestión del patrimonio público es cuestionada y se pone de manifiesto la necesidad de una mayor transparencia y rigurosidad en los contratos que involucren bienes de esta magnitud.

El Futuro del Baluarte: ¿Qué Sigue para el Emblemático Espacio?

Con el desalojo de Café del Mar, el Baluarte de Santo Domingo se enfrenta a una nueva etapa. El Consejo de Estado, en su sentencia, no solo ordenó la liquidación del contrato, sino que también instruyó a la Escuela Taller Cartagena de Indias a realizar los estudios necesarios para determinar la mejor forma de administrar el baluarte. Las opciones son claras: optar por una administración directa por parte de la entidad o entregar el espacio a un particular, siempre y cuando se haga de conformidad con las normas legales y constitucionales que rigen los bienes de uso público.

El alcalde Dumek Turbay ha sido claro en la postura de la administración distrital: el espacio se adjudicará a quien demuestre solidez financiera para pagar un canon justo y acorde con el valor de mercado. Esta declaración es un mensaje contundente sobre la intención de corregir las irregularidades pasadas y asegurar que el Estado reciba un beneficio justo por la explotación comercial de su patrimonio. La supervisión de este proceso de adjudicación estará a cargo del Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Cultura, lo que asegura un nivel de transparencia y rigor en la selección del próximo operador.

Este nuevo capítulo para el Baluarte de Santo Domingo representa una oportunidad para Cartagena. Si el espacio es adjudicado a un operador que pague un canon acorde con el mercado, los recursos adicionales podrían ser reinvertidos en la propia conservación de las fortificaciones, en programas culturales, o en el mejoramiento de la infraestructura turística de la ciudad. La expectativa es que el próximo proyecto que ocupe este icónico lugar no solo sea financieramente viable, sino que también respete y enaltezca el carácter histórico y público del baluarte, garantizando el acceso y disfrute para todos los cartageneros y visitantes, tal como lo exige la ley y la conciencia ciudadana.

Preguntas Frecuentes sobre el Caso Café del Mar

¿Por qué se desalojó a Café del Mar del Baluarte de Santo Domingo?

El desalojo se ordenó en cumplimiento de una sentencia del Consejo de Estado. La razón principal fue que el contrato de arrendamiento no es el mecanismo adecuado para la administración de bienes de uso público, ya que implica un uso exclusivo que contraviene la naturaleza de estos bienes. Además, se señalaron presuntos incumplimientos contractuales por parte del establecimiento.

¿Cuánto pagaba Café del Mar de arriendo por el baluarte?

Café del Mar pagaba solo 13 millones de pesos colombianos al mes por los 2.010 metros cuadrados que ocupaba. Esta cifra es significativamente menor que el valor de mercado estimado para la zona, que oscila entre 93 y 126 millones de pesos mensuales, representando apenas el 14% de lo que se considera un canon justo.

¿Qué es el Consejo de Estado y por qué intervino en este caso?

El Consejo de Estado es el máximo tribunal de la jurisdicción de lo contencioso administrativo en Colombia. Intervino en este caso tras una demanda interpuesta en 2014, resolviendo que la forma en que se había arrendado el baluarte contravenía la ley sobre bienes de uso público y el patrimonio histórico.

¿Qué pasará ahora con el Baluarte de Santo Domingo?

La Escuela Taller Cartagena de Indias, entidad a cargo de las fortificaciones, deberá realizar estudios para determinar si el baluarte será administrado directamente por una entidad pública o si se entregará a un particular mediante un nuevo proceso de adjudicación. El alcalde ha manifestado que el nuevo operador deberá demostrar solidez financiera y pagar un canon acorde al mercado.

¿Qué significa que un bien es de "uso público"?

Un bien de uso público es aquel que pertenece a todos los habitantes de un territorio y cuyo uso y disfrute es común y general. No pueden ser objeto de propiedad privada, no se pueden vender ni embargar, y su acceso no debe ser restringido, salvo por razones de conservación o seguridad. Las fortificaciones históricas de Cartagena son un claro ejemplo de bienes de uso público.

¿Quién es la Escuela Taller Cartagena de Indias?

Es una entidad sin ánimo de lucro, adscrita al Ministerio de Cultura de Colombia, cuya misión es formar jóvenes en oficios tradicionales relacionados con la conservación del patrimonio cultural y arquitectónico. También es la encargada de la administración y mantenimiento de las fortificaciones de Cartagena de Indias.

Reflexiones Finales: La Importancia de la Gestión Pública Transparente

El caso de Café del Mar en Cartagena es mucho más que el cierre de un restaurante icónico; es un hito en la discusión sobre la gestión del patrimonio público y la transparencia en los contratos estatales. La sentencia del Consejo de Estado y las subsiguientes revelaciones sobre el canon de arrendamiento han puesto en evidencia la necesidad de una vigilancia constante y rigurosa sobre cómo se administran los bienes que pertenecen a todos los ciudadanos.

La historia de Café del Mar, con sus atardeceres memorables y su ubicación privilegiada, se cierra con una lección contundente: el valor de un bien patrimonial no solo reside en su belleza o su historia, sino también en su capacidad de generar un beneficio justo para la sociedad cuando se le da un uso comercial. La correcta administración de estos activos es fundamental para garantizar su conservación y para que sus beneficios se traduzcan en desarrollo y bienestar colectivo.

Cartagena, con su riqueza histórica y su proyección turística, merece que sus bienes más preciados sean gestionados con la máxima transparencia y eficiencia. El futuro del Baluarte de Santo Domingo, y de otros espacios similares, dependerá de la capacidad de las autoridades para asegurar que cualquier adjudicación a particulares se realice bajo condiciones de solidez financiera y un irrestricto respeto por el carácter público y patrimonial de estos lugares. Este episodio, aunque doloroso para algunos por la nostalgia de lo que Café del Mar representaba, es una oportunidad invaluable para fortalecer la institucionalidad y reafirmar el compromiso con la protección y el disfrute del patrimonio de todos los colombianos.

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