¿Qué pasó con el negocio de Doña Segunda?

El Caso Doña Segunda: Tradición vs. Tecnología Fiscal

15/05/2023

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En el corazón de la vibrante Plaza del 12 de Octubre en Bogotá, un nombre resuena con sabor a hogar y tradición: Doña Segunda. Este emblemático piqueteadero, reconocido por sus auténticas fritangas y su arraigada historia, se vio envuelto recientemente en un suceso que conmocionó a la capital colombiana: su cierre temporal por parte de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN). Lo que para muchos fue un simple procedimiento administrativo, para otros se convirtió en un símbolo de la lucha entre la burocracia estatal y la tradición de los pequeños comerciantes, encarnada en la figura de una mujer nonagenaria que ha dedicado su vida a la cocina popular.

¿Qué pasó con el negocio de Doña Segunda?
El reconocido piqueteadero Doña Segunda, ubicado en la plaza del 12 de Octubre en Bogotá, fue cerrado por la DIAN. La decisión se tomó por supuestamente incumplir con el requerimiento de la factura electrónica \ud83d\udc49 https://bityl.co/QeXY.

La noticia de la clausura de Doña Segunda no solo generó titulares, sino que desató un debate nacional sobre la formalización, la tecnología y el trato a los emprendedores de la tercera edad en Colombia. La imagen de Segunda Fonseca, la dueña de 90 años, visiblemente angustiada ante las cámaras, lamentando el cierre de su negocio y su incapacidad para comprender los requisitos tecnológicos, tocó la fibra de miles de colombianos, convirtiendo un asunto fiscal en una discusión de profundo calado social y político.

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El Cierre que Sacudió a Bogotá: ¿Qué Pasó Realmente?

El pasado jueves, el popular piqueteadero Doña Segunda, un bastión de la comida tradicional colombiana en la Plaza del 12 de Octubre, fue sellado por la DIAN. La razón oficial esgrimida por la entidad fue el supuesto incumplimiento del requerimiento de la factura electrónica, una obligación fiscal que busca modernizar y hacer más transparente el sistema tributario del país. La medida implicó un cierre temporal de tres días, un golpe duro para un negocio que, según sus propietarios, no solo genera ingresos, sino que es el sustento de 14 familias.

Segunda Fonseca, la matriarca del negocio, expresó su profundo dolor y desconcierto ante la situación. Con 90 años a cuestas, esta campesina que construyó su emporio a pulso, afirmó no entender de tecnología y destacó que nunca ha evadido impuestos. “Me causa mucho dolor y no entiendo por qué me sacan por noticias si no estoy evadiendo impuestos, no estoy haciéndole mal al Gobierno [..] tenemos 14 personas a nuestro cargo y al cerrar no se le puede pagar el trabajo”, declaró, con una voz que reflejaba la frustración de quien siente que su esfuerzo de toda una vida está siendo juzgado injustamente.

La situación escaló rápidamente al plano político. Senadores de oposición, como David Luna, no tardaron en arremeter contra el gobierno, tildando la acción de la DIAN de “implacable” con los “abuelos trabajadores”, en contraste con una supuesta blandura hacia “delincuentes y mafiosos”. El presidente Gustavo Petro recogió el guante y respondió a las críticas a través de redes sociales, defendiendo la labor de la DIAN en la lucha contra la evasión fiscal. Por su parte, la DIAN emitió un comunicado técnico explicando que la evasión fiscal es un delito y que la exigencia de la factura electrónica es una herramienta para combatirla, asegurando recursos para el país. Luis Hernando Valero, subdirector de facturación de la DIAN, detalló que el cierre es una medida que se toma tras un procedimiento que incluye un aviso de alerta, una multa si no se atiende, y solo entonces una clausura temporal si la multa no se paga. Aunque la entidad ha realizado 119 cierres en lo corrido de 2024, ninguno ha resonado tanto como el de Doña Segunda, que personifica a una Colombia popular y laboriosa.

Una Vida de Esfuerzo y Sabor: La Trayectoria de Doña Segunda

La historia de Doña Segunda es un verdadero testimonio de resiliencia y emprendimiento. Segunda Fonseca, nacida en el campo, llegó a Bogotá en busca de oportunidades. Tenía apenas 30 años cuando, a mediados de la década de los sesenta, se paró por primera vez en una esquina de la plaza de mercado del barrio Doce de Octubre, en el noroccidente de Bogotá. Su única herramienta era una olla de morcilla que ella misma había preparado. Con un sabor inigualable y una atención amable, su fama se extendió rápidamente de boca en boca.

En cuestión de meses, Doña Segunda logró reunir lo suficiente para arrendar una habitación en el barrio y vivir con sus hijos. Poco después, pasó de la esquina a vender su morcilla en el pasillo de la plaza. Al cabo de un año, un vecino le ofreció arrendarle un local dentro de la plaza, un lugar del que, según sus allegados, nunca más ha vuelto a salir, convirtiéndose en una figura irremplazable del mercado. Víctor Manuel Camargo, de 64 años, y su esposa Eloísa Miso, dueños de puestos de hortalizas en la plaza y amigos de Doña Segunda desde hace 60 años, la recuerdan preparando los alimentos ella sola y aseguran que fue la pionera en el negocio de la fritanga en la plaza, atribuyendo su éxito a su amabilidad y al sabor único de su comida popular.

El negocio de Doña Segunda floreció en un tiempo de rápido crecimiento urbano, donde migrantes como ella llegaban a la ciudad buscando replicar los sabores de sus orígenes. Ella supo aprovechar esa tendencia. La suerte también le sonrió en un momento clave: ganó un premio en el chance, una lotería popular, y con ese dinero compró un lote en el barrio Santa Isabel, al sur de la ciudad, donde construyó una casa que permitió acomodar a sus nueve hijos de dos parejas que la habían dejado sola. El trabajo siempre fue colectivo y arduo. Doña Segunda no se detuvo ni siquiera cuando su hijo mayor, Pedro, falleció atropellado. Los ocho hijos restantes se sumaron a la labor, acompañándola desde temprano al matadero para comprar la carne de cerdo y ayudar a recoger la sangre para las morcillas. “Siempre hemos estado en la lucha con ella”, relata su hija Rosa.

A pesar del esfuerzo y el aumento de las ventas, el dinero seguía siendo un desafío para una familia tan grande. Rosa, quien ya estaba en bachillerato, tomó la iniciativa de organizar las finanzas. “Nos dimos cuenta de que en el matadero nos cobraban dos veces las facturas. Organicé los papeles y las cuentas, y empezamos a progresar”, explica. Su hermana Mercedes, la hija mayor, fue asumiendo progresivamente las riendas del negocio, hasta convertirse en la otra jefa del restaurante, clave en su actual operación y en la atracción de visitantes a la plaza.

El Legado Familiar: Un Negocio que Crece con Generaciones

El verdadero auge del negocio de Doña Segunda, ya con todos sus hijos adultos, es relativamente reciente. Hace aproximadamente una década, el Instituto para la Economía Social (IPES), encargado de las plazas de mercado en Bogotá, les solicitó detener las ventas en el local debido a la exposición de los alimentos en la calle. Esta alerta, lejos de ser un impedimento, se convirtió en una oportunidad de expansión. La familia decidió comprar una casa de tres pisos ubicada justo al frente del local original en la plaza. Adaptaron el inmueble para ampliar el negocio, transformándolo en un espacio que hoy recibe a diario a cientos de personas ávidas de su tradicional dieta de morcilla, plátano, papa, hígado y chicharrón.

¿Quién es la dueña de Doña Segunda?
Raquel Pineda, de 54 años, es la dueña de la tienda vecina al restaurante Doña Segunda.

Pero el emporio de Doña Segunda no se limita a un solo punto. Además del restaurante principal, la familia opera otro local donde venden embutidos congelados, y cuentan con una tercera casa dedicada exclusivamente a la preparación de los alimentos, garantizando la frescura y el volumen necesario para atender la alta demanda. A la cabeza de esta compleja operación sigue la incansable Doña Segunda, quien en octubre cumplirá 90 años. A pesar de su edad, visita los locales todos los días para supervisar el funcionamiento. Su generosidad es legendaria: se sienta en una banca frente al local de comida congelada y desde allí ofrece cajas con comida, dinero o ropa a quienes se acercan pidiendo ayuda. Sus hijos y varios vecinos de la plaza coinciden en que ella es también quien dona las flores a la iglesia del barrio y a la virgen que se encuentra en la plaza. “Mi mami nos ayudó a todos los hijos a tener nuestro apartamento. Ella siempre ha sido muy generosa”, relata su hija Rosa, quien también explica el particular sistema de reparto de ganancias: cada hijo se queda con las ganancias de un día de la semana, mientras que la madre se queda con las de los fines de semana, lo que demuestra la cohesión y el reparto equitativo dentro de este negocio familiar.

Miguel Fonseca, de 56 años y reconocido por sus familiares como el hijo más alegre de Doña Segunda, participa activamente en el funcionamiento de los locales. Es el encargado de supervisar la cantidad de cerdo que compran, realiza domicilios y también cocina. Mercedes, la hija mayor y segunda al mando, atiende la caja y es la figura clave en la gestión diaria. El biznieto de Doña Segunda, Sebastián Fonseca, de 31 años, también se ha integrado al negocio, mostrando el relevo generacional y la continuidad de la tradición.

Entre la Tradición y la Modernidad: El Conflicto de la Factura Electrónica

El epicentro de la controversia que llevó al cierre temporal de Doña Segunda fue el incumplimiento con la obligación de la factura electrónica. Miguel Fonseca, uno de los hijos, explicó a este diario que el inconveniente se debió a que su contadora no presentó a tiempo un documento a la entidad, un trámite que, según él, certificaría que todo estaba en orden. Frente a las acusaciones de evasión de impuestos o incumplimiento de obligaciones laborales, la familia es categórica en su negación. “Hay gente diciendo que evadimos impuestos, que no le pagamos a los empleados o que no los tenemos afiliados a la salud y seguridad social. Eso es mentira”, asegura Miguel.

Para corroborar esta afirmación, se consultó a dos empleados que no son familiares de Doña Segunda. Ambos confirmaron que reciben un salario mínimo (unos 313 dólares), se les reconocen extras si trabajan fuera de su horario, tienen uno o dos días de descanso a la semana y están debidamente afiliados a la seguridad social. Esto sugiere que, más allá del tecnicismo de la factura electrónica, el negocio opera bajo las normativas laborales.

Durante la visita al restaurante, se observó que Mercedes, la hija que atiende la caja, no entregaba la factura electrónica al momento de la compra. En su lugar, ofrecía una factura tradicional con instrucciones para escribir a un correo electrónico en caso de desear el documento electrónico. Una auxiliar de la cocina, al ser consultada por Mercedes sobre la situación, respondió que la DIAN “sabe que estamos en una contingencia tributaria”, pidiéndole que se despreocupara. Sebastián Fonseca, el biznieto, aseguró que la familia está a la espera de recibir en pocos días un software especializado que les permitirá expedir la factura electrónica de forma automática. “Mientras tanto, a vuelta de correo la enviamos en dos o tres días. Eso lo autoriza la DIAN”, afirmó, indicando que están trabajando activamente para adaptarse a la normativa.

Factura Tradicional vs. Factura Electrónica: Un Punto de Contención

El caso de Doña Segunda puso de manifiesto la brecha entre los métodos contables arraigados y las nuevas exigencias fiscales. A continuación, una comparación simplificada:

CaracterísticaFactura Tradicional (Física)Factura Electrónica (Digital)
FormatoImpresa en papel, a menudo preimpresa.Generada y transmitida digitalmente (XML).
Información RequeridaDatos básicos del vendedor y comprador, descripción de ítems.Datos detallados del comprador (email, identificación), más campos técnicos para la DIAN.
EmisiónManual o mediante impresora sencilla, entregada al momento.Requiere software especializado, conexión a internet y validación de la DIAN.
AlmacenamientoFísico, requiere archivo de documentos.Digital, en plataformas o sistemas contables.
Ventajas (para la DIAN)Control limitado, susceptible a errores manuales.Mayor trazabilidad y control fiscal, combate la evasión.
Desafíos (para el comerciante)Más sencilla de implementar para negocios pequeños.Curva de aprendizaje, inversión en tecnología, necesidad de datos del cliente.

Para Doña Segunda, una mujer de 90 años acostumbrada a lo análogo, la transición a este sistema digital representó un obstáculo significativo, a pesar de la buena voluntad de su familia por adaptarse.

Reacciones y Consecuencias: El Impacto de un Cierre Emblemático

El impacto del cierre de Doña Segunda trascendió las paredes de su restaurante. No solo afectó directamente a la familia y a sus 14 empleados, sino que tuvo repercusiones en el microentorno de la plaza del 12 de Octubre. Raquel Pineda, de 54 años, dueña de la tienda vecina al restaurante, lamentó verse afectada por la clausura. “Nosotros vendemos por ella”, afirmó, explicando que decidió no abrir el domingo ni el lunes por la mañana, días en los que Doña Segunda estuvo sellada, porque sus clientes son principalmente aquellos que van a almorzar al piqueteadero y luego pasan por una gaseosa, cerveza o jugo a su tienda. De manera similar, Víctor Manuel Camargo, el otro vecino con puestos de hortalizas, reportó un desplome en sus ventas durante el fin de semana del cierre.

“Definitivamente, la que mueve todo aquí es Doña Segunda”, concluyó Camargo, resumiendo el papel central que este negocio y su carismática dueña juegan en la economía y el ambiente de la plaza. El caso de Doña Segunda se convirtió así en un símbolo de las dificultades que enfrentan los pequeños y medianos comerciantes en Colombia para adaptarse a las nuevas exigencias fiscales y tecnológicas, y cómo la vida de una figura emblemática puede generar una ola de solidaridad y debate sobre la equidad y la burocracia en el país.

Preguntas Frecuentes sobre el Caso Doña Segunda

¿Por qué fue cerrado el negocio de Doña Segunda?
Fue cerrado temporalmente por la DIAN debido a un supuesto incumplimiento en la emisión de la factura electrónica, un requisito fiscal obligatorio en Colombia.
¿Quién es Doña Segunda Fonseca?
Es Segunda Fonseca, una mujer campesina de 90 años de edad, fundadora y matriarca del popular piqueteadero Doña Segunda en la Plaza del 12 de Octubre en Bogotá, un ícono de la comida tradicional colombiana.
¿El negocio de Doña Segunda evadía impuestos?
La familia y los empleados del negocio niegan rotundamente las acusaciones de evasión de impuestos. Afirman tener todo en regla, pagar sus impuestos y cumplir con todas las obligaciones laborales y de seguridad social de sus 14 empleados.
¿Cómo afecta la factura electrónica a pequeños comerciantes como Doña Segunda?
La implementación de la factura electrónica representa un desafío tecnológico y administrativo significativo para muchos pequeños comerciantes, especialmente para personas de edad avanzada o negocios con operaciones tradicionales, que deben invertir en software y adaptar sus procesos.
¿El cierre del piqueteadero fue definitivo?
No, la clausura impuesta por la DIAN fue una medida temporal que duró tres días, tras lo cual el negocio reabrió sus puertas al público.
¿La familia de Doña Segunda está trabajando para cumplir con la DIAN?
Sí, la familia ha manifestado su compromiso con la formalización. Están en proceso de adquirir un software especializado para la emisión automática de facturas electrónicas y, mientras tanto, ofrecen enviar el documento digital por correo electrónico a quienes lo soliciten, una práctica autorizada por la DIAN en casos de contingencia.

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