10/08/2024
En el corazón vibrante de Londres, donde la historia se entrelaza con el glamour contemporáneo, ha surgido un nombre que resuena con un eco familiar: The Arlington. Este establecimiento, que abrió sus puertas en marzo de 2024, no es simplemente un nuevo restaurante en la prestigiosa calle Arlington Street en St. James. Es, de hecho, la sorprendente reencarnación de un ícono, un lugar que durante décadas fue el epicentro de la vida social de la capital británica, atrayendo a celebridades, miembros de la realeza y la élite mundial. Para entender la verdadera esencia de The Arlington, debemos viajar al pasado y desenterrar la gloriosa historia de su predecesor, un nombre que evocará sonrisas nostálgicas en aquellos que tuvieron el privilegio de cruzar su umbral.

- La Era Dorada de Le Caprice: Un Templo de Estrellas
- El Cierre Inesperado y el Giro del Destino
- The Arlington: Donde la Nostalgia se Encuentra con el Presente
- Preguntas Frecuentes sobre The Arlington y su Historia
- ¿Cómo se llamaba antiguamente el restaurante The Arlington?
- ¿Quiénes fueron los fundadores originales de Le Caprice?
- ¿Qué celebridades frecuentaban Le Caprice?
- ¿Qué plato famoso pedía la Princesa Diana en Le Caprice?
- ¿Por qué cerró Le Caprice en 2020?
- ¿Qué papel juega Richard Caring en la historia de Le Caprice y The Arlington?
- ¿Jeremy King abrió The Arlington en el mismo lugar que Le Caprice?
- ¿Ha cambiado mucho la decoración o el menú en The Arlington respecto a Le Caprice?
La Era Dorada de Le Caprice: Un Templo de Estrellas
Durante cuarenta años, el restaurante Le Caprice, fundado por los visionarios Jeremy King y Chris Corbin, fue mucho más que un simple lugar para comer en Londres. Era un fenómeno cultural, un imán irresistible para los más grandes nombres del entretenimiento y la realeza. Ni siquiera el legendario Studio 54 en su apogeo o El Morocco en su cénit podían presumir de una lista comparable de clientes ilustres. Ubicado estratégicamente en Arlington Street, a pocos pasos del majestuoso hotel The Ritz, su fachada discreta escondía un universo de sofisticación y exclusividad.
La lista de sus clientes habituales era un verdadero quién es quién de la fama: desde el inigualable Elton John hasta la icónica Madonna, pasando por los legendarios The Beatles, la deslumbrante Liz Taylor, el carismático Mick Jagger, el versátil Michael Caine, y, quizás la más especial de todas, la elegante y coqueta Princesa Diana. Ella era una asidua, siempre tomando asiento en la mesa de la esquina número 9, acompañada de sus amigas más cercanas. Curiosamente, la Princesa Diana tenía un plato favorito inconfundible: el “Bang Bang Chicken” con una ligera salsa de mantequilla de cacahuete, aderezado con especias asiáticas, cilantro y cacahuetes tostados. Este plato se convirtió en parte de la leyenda del restaurante, un testimonio de su capacidad para crear clásicos perdurables.
Le Caprice no era solo un lugar para ver y ser visto; era un club exclusivo donde conseguir una mesa era una proeza. Muchos aspiraban a cenar allí, pero la infame “cuerda de terciopelo” y la dificultad para reservar lo convertían en un desafío. Sin embargo, para aquellos afortunados que lograban traspasar ese umbral, la experiencia era incomparable. El maitre’d, con su cálida bienvenida, te guiaba al centro del comedor, y la sensación era la de estar a punto de vivir las dos mejores horas de tu vida.
Un Diseño Atemporal: La Elegancia del Art Decó
El interior de Le Caprice era una obra maestra de diseño Art Decó, una sinfonía en blanco y negro que exhalaba chic y sofisticación. Las sillas de ratán con marcos negros, los manteles blancos inmaculados, el reluciente suelo negro y el techo blanco se fusionaban armoniosamente. Las paredes estaban adornadas con llamativos retratos en blanco y negro del artista David Baily, añadiendo un toque artístico inconfundible. Incluso el personal vestía de blanco y negro, completando la estética impecable que definía el lugar.
Más allá de la atmósfera, la comida en Le Caprice era un capítulo aparte. Aunque la presentación era artística, con un toque de ingenio y capricho, nunca resultaba excesivamente complicada. Eran platos reconfortantes y sencillos, el tipo de comida que uno podría disfrutar cada día sin cansarse. Clásicos británicos y europeos con un toque refinado, preparados con una consistencia que se convirtió en su sello distintivo.
El Cierre Inesperado y el Giro del Destino
El año 2020 trajo consigo una crisis global sin precedentes: la pandemia de COVID-19. La hostelería fue uno de los sectores más golpeados, y ni siquiera un gigante como Le Caprice pudo escapar a sus efectos devastadores. Jeremy King se vio obligado a cerrar permanentemente las puertas del icónico restaurante, marcando el fin de una era para muchos amantes de la gastronomía londinense.
Sin embargo, la historia de Le Caprice no terminaría ahí. El poderoso magnate de negocios londinense, Richard Caring, adquirió el negocio, incluyendo el prestigioso nombre de Le Caprice, aunque no la ubicación original. Su intención era relanzar su propia versión de Le Caprice en el nuevo Chancery Rosewood Hotel en junio de 2024, como parte de un desarrollo multimillonario en la antigua Embajada de los Estados Unidos en Grosvenor Square, en el corazón del elegante Mayfair.
Pero Jeremy King, el incansable restaurador, no podía quedarse de brazos cruzados mientras un rival intentaba apropiarse de su legado. Al ver que la ubicación original de Arlington Street permanecía vacía, tomó una decisión audaz: readquirió el espacio que él mismo había hecho famoso. Con una visión clara y un espíritu indomable, King se propuso abrir un sucesor propio en el mismo lugar que había albergado a Le Caprice durante décadas. Así nació The Arlington, que dio la bienvenida a sus primeros clientes en marzo de 2024.
The Arlington: Donde la Nostalgia se Encuentra con el Presente
Al entrar en The Arlington, la sorpresa es inmediata y abrumadora. Es como si el tiempo se hubiera detenido o, más bien, como si Le Caprice hubiera despertado de un largo letargo. Los mismos espejos Art Decó, el inconfundible suelo y techo en blanco y negro, los retratos de David Baily y las sillas de ratán con marco de madera negra… todo está ahí. Como lo expresó Grace Dent, crítica de The London Guardian: “No ha cambiado mucho… decoración, menú, clientela… sigue siendo dinero de Mayfair, bronceados de yate y estiramientos faciales”. El elegante estilo Art Decó se mantiene intacto.
La reacción es unánime: The Arlington es Le Caprice con un nuevo nombre. Tal vez un poco más pulcro, un poco más brillante, pero la esencia, la atmósfera y, lo más importante, la comida, son las mismas. Es un nuevo lugar que hace las mismas cosas de siempre, y las hace excepcionalmente bien. Se siente como un viaje en el tiempo, una reunión con un viejo amigo.
La experiencia culinaria en The Arlington rinde un homenaje directo a su predecesor. El famoso “Bang Bang Chicken” de la Princesa Diana sigue en el menú, así como los picantes langostinos tigre y el plato insignia de Le Caprice: los pasteles de salmón servidos con espinacas a la mantequilla en una ligera salsa de acedera al limón. La nostalgia nunca supo tan bien.
El menú de The Arlington es una celebración de los clásicos atemporales, evitando las tendencias pasajeras para centrarse en platos bien ejecutados y reconfortantes. Entre otras selecciones, se encuentran el Vitello Tonnato, el Pato Crujiente con anacardos tostados, la Milanesa de Pollo y el Shepherd’s Pie. También se pueden encontrar viejos favoritos como vieiras con chile y mantequilla de ajo, ensalada de escarola, nueces y Roquefort, cangrejo de Dorset con céleri rémoulade, hígado de ternera con tocino, y una inusual pero deliciosa hamburguesa de mariscos. Incluso el desayuno para la cena es una opción, con los “Eggs Arlington”.
Para el postre, la filosofía de la simplicidad y la perfección se mantiene. Si pides el Crumble de Ruibarbo y Frambuesa en The Arlington, no será deconstruido ni una reinterpretación juguetona. Será un crumble húmedo, dulce y rosado de ruibarbo y frambuesa, servido con una jarra de natillas de vainilla. Platos como los frutos rojos helados con salsa de chocolate blanco y el “Hokey Pokey” (chocolate negro, helado de vainilla y panal) completan una experiencia deliciosa y sin pretensiones.
Lo realmente admirable de The Arlington es observar un restaurante que funciona como un reloj suizo, sirviendo consistentemente platos sabrosos y sin complicaciones. Es la prueba de que, a veces, lo viejo bien hecho es lo mejor. Giles Coren, el renombrado crítico de restaurantes del Times of London, lo resumió perfectamente: “Richard Caring se va a cabrear”. Y con razón, porque Jeremy King ha demostrado que el espíritu de un lugar, su alma, no puede ser simplemente comprado; debe ser cultivado y, si es necesario, resucitado por el corazón que lo creó.
The Arlington no es solo un restaurante; es un testimonio de la perseverancia, la pasión y el legado de un restaurador visionario. Es un refugio de elegancia atemporal, donde cada plato es un recordatorio de la grandeza pasada y la promesa de futuras delicias. Una visita obligada para cualquiera que busque la auténtica experiencia gastronómica londinense con un toque de historia y glamour.
Preguntas Frecuentes sobre The Arlington y su Historia
¿Cómo se llamaba antiguamente el restaurante The Arlington?
Antiguamente, el restaurante The Arlington se llamaba Le Caprice. Fue un icónico establecimiento en Londres durante 40 años, conocido por ser un punto de encuentro de celebridades y miembros de la realeza.
¿Quiénes fueron los fundadores originales de Le Caprice?
Los fundadores originales de Le Caprice fueron Jeremy King y Chris Corbin, quienes crearon y operaron el restaurante durante su época dorada.
¿Qué celebridades frecuentaban Le Caprice?
Le Caprice fue frecuentado por una larga lista de celebridades y figuras de alto perfil, incluyendo a Elton John, Madonna, The Beatles (Ringo y Paul), Liz Taylor, Mick Jagger, Michael Caine, el presidente Clinton y, muy notablemente, la Princesa Diana.
¿Qué plato famoso pedía la Princesa Diana en Le Caprice?
La Princesa Diana era una asidua y su plato favorito era el “Bang Bang Chicken” con una ligera salsa de mantequilla de cacahuete, aderezado con especias asiáticas, cilantro y cacahuetes tostados.
¿Por qué cerró Le Caprice en 2020?
Le Caprice se vio obligado a cerrar permanentemente en 2020 debido al impacto de la pandemia de COVID-19 en la industria de la restauración.
¿Qué papel juega Richard Caring en la historia de Le Caprice y The Arlington?
Richard Caring, un magnate de negocios londinense, compró el nombre de Le Caprice (pero no el sitio original) con la intención de reabrir su propia versión en el Chancery Rosewood Hotel. Esto motivó a Jeremy King a readquirir la ubicación original y abrir The Arlington.
¿Jeremy King abrió The Arlington en el mismo lugar que Le Caprice?
Sí, Jeremy King readquirió el sitio original en Arlington Street, en St. James, y abrió The Arlington en la misma ubicación que Le Caprice ocupó durante décadas.
No, la decoración de The Arlington mantiene fielmente el estilo Art Decó original de Le Caprice, incluyendo los espejos, el suelo y techo en blanco y negro, los retratos de David Baily y las sillas de ratán. El menú también conserva muchos de los platos clásicos y favoritos de Le Caprice, como el “Bang Bang Chicken” y los pasteles de salmón, ofreciendo una experiencia muy similar a la original.
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