¿Quién es la musa de la gastronomía?

Gasterea: La Décima Musa de la Gastronomía

28/08/2023

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La gastronomía, en su esencia más pura, es un reflejo de la cultura, la historia y la identidad de un pueblo. Sin embargo, su reconocimiento como una verdadera forma de arte ha sido un camino sinuoso, lleno de prejuicios y transformaciones sociales. Hubo un tiempo, no tan lejano, en que la cocina era vista meramente como una tarea doméstica, un oficio menor, especialmente si era practicado por hombres. Pero, ¿qué o quién inspiró su elevación a las esferas de las bellas artes? ¿Existe una musa que presida los placeres del gusto?

Índice de Contenido

Oscar Wilde y la Batalla por el Reconocimiento Culinario

Corría el año 1895 en Londres, y el célebre dramaturgo Oscar Wilde se encontraba en el ojo del huracán. Acusado de “ostentoso sodomita” por el marqués de Queensbury, su juicio por difamación se convirtió en un espectáculo público, un verdadero juicio a las hipócritas normas victorianas. En medio de este drama legal, surgió un intercambio que, de manera inesperada, iluminaría la percepción de la cocina como arte.

¿Quién es la musa de la gastronomía?
"Gasterea, la musa de la cocina y la gastronomía.

Durante el interrogatorio, el abogado del marqués, con un tono que denotaba desdén y quizás una velada homofobia, inquirió sobre las relaciones de Wilde, mencionando a un tal Edward Carson. La conversación tomó un giro inesperado:

  • “¿Cocinaba él mismo?”, preguntó el abogado.
  • “No lo sé”, respondió Wilde, “nunca he comido en su casa”.
  • “¿Quiere decir que no sabe que Taylor cocinaba él mismo?”, insistió el otro.
  • “No, y si lo hacía, no me parecería mal. Más bien me parece inteligente…”, volvió a responder Wilde.
  • “Yo no he insinuado que fuera algo malo”, comentó el abogado.
  • “No, cocinar es un arte”, afirmó Wilde, provocando la risa de la sala.
  • “¿Otro arte?”, preguntó el abogado.
  • “Otro arte”, afirmó Wilde con toda seriedad.

Para el abogado y gran parte del público de la época, la idea de un hombre en la cocina era, cuanto menos, ridícula, si no directamente una señal de afeminamiento. La cocina era el “reino de las mujeres”, un espacio donde se les enseñaba a guisar, bordar y, sobre todo, a obedecer. Se esperaba que las mujeres dominaran las artes domésticas, y que los hombres simplemente se sentaran a la mesa a la hora debida, siendo servidos. La afirmación de Wilde, tan audaz y contraria a las convenciones, fue una chispa en la oscuridad, una defensa poética de la dignidad del acto culinario. Él, con su ingenio inigualable, elevó la cocina de una mera tarea a una manifestación artística, un concepto que, aunque provocó risas en ese momento, sembró una semilla crucial.

La Belle Époque y la Consagración de Gasterea

Afortunadamente, el tiempo y la evolución cultural estaban de lado de Wilde. A principios del siglo XX, con el florecimiento de la Belle Époque, la percepción de la gastronomía comenzó a cambiar drásticamente. París, epicentro de la cultura y la sofisticación, fue el escenario donde la cocina finalmente reclamó su lugar entre las bellas artes.

Mucho antes, en el siglo XIX, el gastrónomo y jurista francés Jean Anthelme Brillat-Savarin, en su obra cumbre “Fisiología del gusto” (1825), ya había postulado la existencia de una décima musa dedicada a los placeres del paladar. Él la bautizó como Gasterea, la musa que “preside los deleites del gusto”. Esta conceptualización no solo elevó la comida a una esfera intelectual, sino que le otorgó una legitimidad divina, un reconocimiento que trascendía lo meramente físico.

Cuando el insigne poeta nicaragüense Rubén Darío llegó a París en 1900, comisionado por el diario La Nación de Buenos Aires para cubrir la Exposición Universal, se encontró con una ciudad donde la gastronomía ya era celebrada. Darío, un hombre de letras y de mundo, no tardó en reconocer y abrazar esta nueva realidad. En su crónica “Literatura y cocina”, dejó constancia de esta revelación:

“En los clásicos latinos hay ricas cosas que despiertan el apetito dichas en bellos hexámetros; y en todos tiempos, los poetas amadores de la vida y de sus gratos instantes han sido cuidadosos de su paladar. Pues en verdad, la cocina, sí, puede considerarse «como una de las bellas artes»…”

Esta afirmación de Darío no era una mera opinión personal; era la confirmación de una tendencia cultural, un eco de la visión de Brillat-Savarin y, en cierto modo, una vindicación de la audaz declaración de Oscar Wilde. La cocina había trascendido las paredes de lo doméstico para convertirse en un campo de experimentación, creatividad y expresión.

Rubén Darío: Entre la Tradición y la Vanguardia Culinaria

Resulta irónico que Darío, a pesar de su profunda apreciación por la cocina como arte, creciera en un entorno donde las fronteras de género en la cocina eran infranqueables. En su natal León, era impensable que un niño, y menos aún un hombre, se adentrara en el santuario de la cocina, dominado por doña Bernarda Sarmiento y las cocineras mulatas e indígenas, guardianas de una sabiduría ancestral de sabores y perfumes.

El oficio de los hombres era sentarse a la mesa a la hora debida. Sin embargo, esta exclusión no impidió que Darío adquiriera un conocimiento culinario práctico, alardeando de su dominio en la preparación de los frijoles fritos nicaragüenses. Su consejo a su mujer, Francisca Sánchez, sobre cómo cocerlos con laurel y ajo y freírlos en manteca de cerdo, revela una intimidad sorprendente con el proceso, un testimonio de que el interés por la gastronomía puede florecer incluso en los contextos más restrictivos.

La Percepción de la Cocina a Través del Tiempo: Una Comparativa

La evolución de la gastronomía de una mera necesidad a una forma de arte refleja profundos cambios sociales y culturales. A continuación, una tabla comparativa que ilustra esta transformación:

CaracterísticaÉpoca Victoriana (Pre-dignificación)Belle Époque y Siglo XX (Post-dignificación)
Estatus SocialOficio doméstico, tarea femenina.Arte, profesión respetada, expresión cultural.
Género AsociadoPrincipalmente mujeres. Hombres en la cocina eran vistos con recelo o burla.Ambos géneros. Chefs masculinos y femeninos celebrados.
Propósito PrincipalSustento, alimentación básica, demostración de habilidad doméstica.Experiencia sensorial, placer, creatividad, innovación.
Reconocimiento ArtísticoPrácticamente nulo. No se consideraba un arte.Reconocida como la décima musa, parte de las bellas artes.
Educación/FormaciónAprendizaje en el hogar, transmisión oral.Escuelas culinarias, formación profesional, investigación.

Preguntas Frecuentes sobre la Musa de la Gastronomía

¿Quién es Gasterea y cuál es su origen?

Gasterea es el nombre que Jean Anthelme Brillat-Savarin, un gastrónomo francés del siglo XIX, dio a la musa que preside los placeres del gusto. La propuso como la décima musa, añadiéndose a las nueve musas tradicionales de la mitología griega que inspiraban las artes y las ciencias. Su origen se encuentra en la obra de Brillat-Savarin, “Fisiología del gusto”, publicada en 1825.

¿Por qué la cocina fue considerada un arte “menor” o simplemente una tarea doméstica?

Históricamente, la cocina fue vista principalmente como una actividad de subsistencia y un rol doméstico asignado a las mujeres. Se la asociaba con el trabajo manual y la necesidad, más que con la creatividad o la expresión artística. La sociedad victoriana, en particular, tendía a relegar las actividades del hogar a un estatus inferior en comparación con las artes y las ciencias consideradas “elevadas” y dominadas por hombres.

¿Qué papel jugó Oscar Wilde en la dignificación de la cocina?

Aunque no fue un teórico de la gastronomía, la audaz declaración de Oscar Wilde durante su juicio en 1895, donde afirmó que “cocinar es un arte”, fue un momento crucial. Al defender la cocina frente a la burla y el prejuicio de la sociedad victoriana, Wilde, con su ingenio, desafió las normas de género y el menosprecio hacia las artes culinarias, contribuyendo a un cambio de percepción.

¿Cómo influyó Rubén Darío en la percepción de la gastronomía?

Rubén Darío, como figura literaria de la Belle Époque, validó la posición de la cocina como arte a través de sus escritos. Su crónica “Literatura y cocina” y su reconocimiento de que “la cocina, sí, puede considerarse «como una de las bellas artes»” reflejaron y reforzaron la nueva apreciación que la sociedad parisina y los círculos intelectuales estaban desarrollando hacia la gastronomía, consolidando la idea de Gasterea.

¿Qué significa que la cocina sea la “décima musa”?

Que la cocina sea la “décima musa” significa que ha sido elevada al mismo nivel de inspiración y creatividad que otras artes clásicas como la poesía, la música, la danza o la escultura. Implica que la preparación de alimentos no es solo una necesidad, sino un acto de creación, ingenio y belleza, capaz de evocar emociones y deleitar los sentidos, mereciendo su propia fuente de inspiración divina, Gasterea.

El Legado de Gasterea: Inspiración Culinaria Eterna

La historia de la cocina es, en muchos sentidos, la historia de la humanidad. Desde la simple necesidad de alimentarse hasta la sofisticada búsqueda del placer y la expresión artística, los fogones han sido testigos de una evolución constante. La figura de Gasterea, la décima musa, no es solo una metáfora poética; es el símbolo de un cambio cultural profundo, un reconocimiento de que la gastronomía no es un mero oficio, sino una disciplina que combina ciencia, creatividad, historia y pasión.

Hoy en día, el arte culinario es celebrado en todo el mundo. Los chefs son vistos como artistas, los restaurantes como galerías de sabor, y cada plato, una obra maestra efímera. Todo esto, en parte, gracias a mentes brillantes como Brillat-Savarin, la audacia de Oscar Wilde y la sensibilidad de Rubén Darío, quienes, a su manera, defendieron y elevaron el acto de cocinar. La próxima vez que disfrutes de una comida excepcional, recuerda a Gasterea, la musa que inspira cada sabor, cada aroma, cada momento de deleite en la mesa, confirmando que la cocina es, sin duda, otro arte, y uno de los más deliciosos.

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