¿Qué comían los ingleses en la Edad Media?

¿Qué Comían los Visigodos? Un Viaje Culinario

12/10/2025

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La fascinación por las costumbres de civilizaciones pasadas se extiende, naturalmente, a lo que ponían en sus platos. ¿Qué comían los visigodos? Esta pregunta, aparentemente sencilla, abre una ventana a un mundo donde la supervivencia, el estatus social y las influencias culturales se entrelazaban en cada bocado. En los últimos años, una profunda labor de investigación ha permitido desvelar muchos de estos misterios, combinando el estudio de antiguas fuentes escritas con los hallazgos de la arqueología y la experimentación práctica. Fruto de esta colaboración ha sido incluso la elaboración de un libro de recetas visigodas, ofreciendo una perspectiva tangible de su dieta.

¿Qué comían los visigodos?
Los cereales, trigo y cebada, con sus diferentes variedades eran los grandes protagonistas.

La alimentación visigoda no era una entidad monolítica; variaba significativamente según la clase social, la región y la disponibilidad de recursos. Sin embargo, en su esencia, representaba una amalgama de tradiciones romanas preexistentes, enriquecida por la llegada de productos exóticos desde Oriente y el aprovechamiento inteligente de los recursos locales de la Península Ibérica. Sumergirse en su gastronomía es entender no solo qué ingredientes usaban, sino cómo se organizaban sus festines y qué importancia le daban a la comida en su vida diaria.

Índice de Contenido

Los Escenarios del Banquete Visigodo: De la Humildad al Lujo Oriental

La arqueología ha sido fundamental para comprender no solo los alimentos, sino también los espacios donde los visigodos se reunían para comer. Las diferencias eran notables entre las humildes moradas de las clases populares y los palacios de la élite. Mientras que los primeros apenas experimentaron transformaciones significativas, manteniendo una estructura similar a la del mundo romano, la aristocracia visigoda se dejó seducir por las influencias del sofisticado mundo oriental, especialmente de Bizancio y su capital, Constantinopla.

El antiguo triclinio romano, una sala de comedor con tres lechos donde los comensales se reclinaban, fue progresivamente sustituido por un espacio elevado, una especie de pabellón o sala de altura, concebido específicamente para la celebración de grandes festines y banquetes. Esta innovación arquitectónica, habitual en Oriente y también presente en Italia, se convirtió en el prototipo de los espacios de banquete a lo largo de toda la Edad Media. En Hispania, uno de los primeros ejemplos documentados de este tipo de edificio se ha encontrado en Arisgotas (Orgaz), cerca de Toledo, la capital visigoda. En el piso superior de este palacio, con vistas privilegiadas a los arroyos y la sierra, se habrían celebrado los suntuosos banquetes de la nobleza. Las ventanas, cerradas con vidrieras de yeso cristalizado, permitían el paso de una luz translúcida, creando una atmósfera única.

Otro espacio clave y mejor conocido es el pabellón superior del Pla de Nadal, un palacio construido por el dux Teodomiro en las afueras de Valencia en el siglo VIII, tras su pacto con los musulmanes. Este lugar, ricamente decorado con esculturas de estilo barroco, estaría engalanado con muebles, alfombras y lámparas, reflejando el lujo y la opulencia de la élite visigoda.

La importancia de estos espacios de banquete trasciende la época visigoda, ya que su modelo perduró durante la Alta Edad Media. Un ejemplo paradigmático es Santa María del Naranco en Asturias, un pabellón mandado construir por Ramiro I a mediados del siglo IX, que se conserva en excelente estado. Este tipo de construcciones se popularizó por toda Europa, desde Italia hasta la Francia carolingia, e incluso podemos ver la representación de un festín real en un espacio similar en el famoso Tapiz de Bayeux, donde el rey Harold celebra su banquete antes de partir hacia la conquista de Inglaterra.

Una Gastronomía de Raíces Romanas y Toques Orientales

La gastronomía de la época visigoda era, en esencia, una continuación de la cocina romana, pero con adiciones significativas. A los productos y técnicas culinarias romanas se sumaron los ingredientes exóticos traídos de Oriente, como las especias, y la utilización estratégica de los productos autóctonos de la Península Ibérica. Para comprender esta cocina, dos fuentes son cruciales:

La principal referencia para los recetarios romanos es el De re coquinaria, un tratado atribuido a Marco Gavio Apicio, un gastrónomo romano que vivió entre los reinados de Augusto y Tiberio. Apicio llevó su pasión por los alimentos refinados a tal extremo que acabó en la ruina. Su recetario es complejo y, para la época, bastante “barroco”, con preparaciones elaboradas y uso abundante de especias. Sin embargo, es importante destacar que el texto que ha llegado hasta nosotros es una recopilación de escritos del siglo V d.C., lo que significa que representa una visión de la alta cocina, comparable a los restaurantes actuales con tres estrellas de la Guía Michelín, y no la dieta común de la mayoría de la población.

En plena época visigoda, vivió Isidoro de Sevilla (siglos VI-VII), una figura intelectual clave. En sus Etimologías, una especie de enciclopedia de su tiempo, el Libro XX, titulado “Acerca de las provisiones y de los utensilios domésticos y rústicos”, dedica capítulos enteros a la comida, la bebida y el menaje de mesa. En el capítulo 2, sobre la comida, Isidoro atribuye a Apicio la invención de muchas preparaciones culinarias, demostrando la influencia continua de la tradición romana. Aunque Isidoro se basó en autores clásicos, también entretejió la realidad de su propia época, la que hoy se corrobora con las excavaciones arqueológicas como Los Hitos, el Pla de Nadal o Valéncia la Vella.

¿Qué cultivaban los visigodos?
La producción tampoco varió sustancialmente, apenas introdujeron alguna especie nueva. Se cultivaron fundamentalmente cereales, mucha vid incluso en tierras altas, y olivo, sobre todo en la Bética.

Isidoro nos detalla diferentes tipos de panes: el pan con levadura, el ácimo (sin levadura), el de espelta, y el cibarius, el pan más sencillo, a menudo destinado a los esclavos. Habla de las carnes y sus diversas formas de preparación: cocidas, asadas, fritas. Incluso menciona los embutidos, como el farcire, un claro antecedente de nuestros chorizos actuales. El capítulo tercero de sus Etimologías se dedica a las bebidas, con el vino como protagonista indiscutible, aunque también se menciona la cerveza (cervisia), indicando su consumo en la Hispania visigoda.

El Testimonio de la Arqueología: ¿Qué Revelan los Restos?

Más allá de las fuentes escritas, la arqueología nos proporciona una evidencia directa de la dieta visigoda a través del estudio de los restos de fauna y flora encontrados en las excavaciones. Estos hallazgos nos permiten reconstruir la cadena alimenticia y distinguir entre los alimentos de lujo y los de consumo diario.

Carnes y Caza

En yacimientos como Los Hitos, un palacio visigodo, aunque los restos de fauna son escasos, revelan preferencias de la élite. Se han documentado restos de corderos y cabritos de pequeño tamaño, lo que sugiere un consumo de animales jóvenes. También se encontró ciervo, considerado un manjar muy apreciado. El conejo, una carne magra y muy mediterránea, también estaba presente. Un dato curioso es la presencia de caracoles terrestres, que también eran muy valorados por los romanos y tenían un consumo estacional, una costumbre que se mantiene hasta hoy y que también se documenta en el Pla de Nadal.

La mayoría de la población, sin embargo, dependía más de los ovicápridos (ovejas y cabras) y el ganado vacuno. De este último no solo se aprovechaba la carne, sino también sus derivados: leche, quesos, mantequilla. La caza mayor, como el ciervo, quedaba reservada para las élites, mientras que la caza menor, como liebres, conejos y perdices, podía ser más accesible para el resto de la población.

Productos del Mar y Lujos

Las excavaciones también han revelado la presencia de productos de lujo, indicando redes comerciales y un gusto por lo exótico. En la Vega Baja de Toledo, una zona con palacetes, se han encontrado ostras, que habrían sido traídas desde la costa atlántica. El consumo de pescados era habitual, especialmente los túnidos, con los que se elaboraban conservas. Además, las excavaciones de las cetáreas de Cádiz demuestran que, incluso en época tardía, se seguía produciendo y consumiendo el garum, una salsa de pescado fermentado que acompañaba numerosos platos.

Cereales, Vegetales y Dulces

La base de la alimentación visigoda, como en muchas culturas antiguas, eran los productos panificables. Los cereales, principalmente trigo y cebada con sus diferentes variedades, eran los grandes protagonistas. Isidoro de Sevilla ya nos hablaba de los distintos tipos de panes, y la cebada también se utilizaba para la elaboración de cerveza.

Los restos vegetales, conservados como semillas, maderas o esporas de polen, nos permiten reconstruir la cadena alimenticia ligada a las plantas. Se consumían productos de huerta, como las malvaceas (antecedentes de las lechugas) y numerosas hortalizas, que se consumían de forma estacional. El bosque también era una fuente importante de alimentos, con sus frutos y bayas.

El edulcorante principal era la miel, que no solo se consumía directamente, sino que también se mezclaba con bebidas. Isidoro de Sevilla menciona que el medus, un tipo de vino, podría llamarse melus porque se elaboraba con miel, lo que sugiere la existencia de bebidas fermentadas y edulcoradas con este producto.

¿Cuáles son los cambios en los alimentos?
Se producen cambios en el olor, color, sabor, volumen, peso y consistencia que hacen que cambien las propiedades sensoriales de los alimentos. Color: varía según cada alimento y según el proceso culinario al que ha sido sometido.

Tabla Comparativa: Dieta Visigoda por Clase Social

La distinción entre la dieta de la élite y la del pueblo llano es una constante en la historia de la alimentación. Aunque ciertos alimentos eran comunes, la frecuencia, la cantidad y la variedad marcaban la diferencia.

Tipo de AlimentoDieta de la AristocraciaDieta de las Clases PopularesEvidencia / Fuente
PanDiversos tipos de panes elaborados, con levadura o espelta.Pan cibarius (más sencillo, de cereales básicos).Isidoro de Sevilla, Arqueología.
CarnesCordero, cabrito joven, ciervo (manjar), conejo, embutidos (farcire).Ovicápridos (ovejas, cabras), ganado vacuno (carne ocasional).Arqueología (Los Hitos, Pla de Nadal), Isidoro de Sevilla.
Productos del MarOstras (importadas), atún (conservas), garum.Pescado local (cuando accesible, de río o costa cercana).Arqueología (Vega Baja, Cádiz).
LácteosQuesos, mantequilla.Quesos, mantequilla, leche.Arqueología (ganado vacuno).
CerealesTrigo, cebada (panes, cerveza).Trigo, cebada (base de la dieta, pan, gachas, cerveza).Isidoro de Sevilla, Arqueología.
Vegetales y FrutasHortalizas de huerta (malvaceas, etc.), frutos y bayas del bosque.Hortalizas de huerta (temporada), frutos y bayas del bosque.Arqueología (semillas, polen).
EndulzantesMiel (pura, en bebidas como el medus).Miel.Isidoro de Sevilla, Arqueología.
BebidasVino (a menudo edulcorado con miel), cerveza.Vino, cerveza.Isidoro de Sevilla.

Preguntas Frecuentes sobre la Dieta Visigoda

Para cerrar este viaje culinario al pasado, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la alimentación de los visigodos:

¿Era la dieta visigoda muy diferente a la romana?

En esencia, la dieta visigoda mantuvo una fuerte continuidad con la romana, especialmente en lo que respecta a los alimentos básicos como los cereales, el vino y el aceite de oliva. Sin embargo, hubo adaptaciones y adiciones. La influencia de Oriente trajo especias y nuevos gustos a las mesas aristocráticas, y la disponibilidad de productos locales de la Península Ibérica también moldeó la dieta. La principal diferencia radicaba en la evolución de los espacios de comedor y, quizás, en una menor ostentación generalizada en comparación con el apogeo romano, aunque las élites visigodas sí cultivaron el lujo.

¿Qué tipo de pan comían los visigodos?

El pan era un pilar fundamental de la dieta visigoda. Isidoro de Sevilla menciona varios tipos: panes con levadura, el pan ácimo (sin levadura), y pan de espelta. También existía el cibarius, un pan más tosco y básico, destinado a la población general y a los esclavos. La cebada también se usaba para hacer pan, además de cerveza.

¿Consumían carne a menudo?

El consumo de carne variaba mucho según el estatus social. Para las élites, la carne de cordero, cabrito, ciervo y conejo era habitual, y se preparaba de diversas formas (cocida, asada, frita). También consumían embutidos como el farcire. Para las clases populares, la carne de ovicápridos y vacuno era más común, pero su consumo podría haber sido menos frecuente y más ligado a festividades o eventos especiales, siendo los lácteos un aprovechamiento más constante del ganado.

¿Utilizaban especias en su cocina?

Sí, las especias eran un componente importante, especialmente en la cocina de la aristocracia. Aunque el texto no detalla qué especias específicas se usaban, menciona que los productos exóticos de Oriente, como las especias, se sumaban a la cocina típicamente romana. Esto sugiere el uso de pimienta, comino, cilantro, azafrán, entre otras, que ya eran conocidas en el mundo romano y bizantino.

¿Qué bebidas eran populares entre los visigodos?

El vino era, sin duda, la bebida principal y más consumida, como lo atestigua Isidoro de Sevilla. Se producía en diversas variedades, y a veces se mezclaba con miel para crear bebidas como el medus o melus. La cerveza (cervisia) también era conocida y consumida, especialmente en regiones donde el cultivo de cereales era predominante.

En definitiva, la dieta visigoda fue un reflejo de su tiempo y su contexto cultural: una herencia romana adaptada a las realidades hispanas, enriquecida por influencias orientales y marcada por las profundas diferencias sociales. La investigación continua, especialmente la arqueológica, sigue desenterrando los secretos de su mesa, permitiéndonos saborear, metafóricamente, un pedazo de su historia.

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