¿Cuál es la historia de La Cruz en Nariño?

La Cruz en Nariño: Peregrinos del Sabor

07/06/2023

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La historia de Nariño está tejida con relatos de fe, migración y, a menudo, un profundo arraigo a la tierra y sus frutos. Entre estas narrativas, emerge la enigmática trayectoria de la familia La Cruz, un clan campesino cuya llegada a Pasto en 1928, según la tradición oral, no solo fue un acto de devoción, sino también el inicio de una huella imborrable en el panorama gastronómico local. Eran, se decía, «personajes coloridos», una descripción que insinúa una riqueza de carácter y una capacidad innata para dejar una marca, no solo en los corazones, sino quizás también en el paladar de quienes los conocieron.

¿Cuál es la historia de La Cruz en Nariño?
Según la tradición fue una familia campesina compuesta de personajes coloridos que llegó a Pasto desde El Encano en 1928 o desde el oriente del país en peregrinación al santuario de Las Lajas al sur del departamento de Nariño.

Su periplo, ya sea desde las serenas orillas de El Encano o desde las vastas planicies del oriente colombiano, con el Santuario de Las Lajas como destino final, es un testimonio de resiliencia y tradición. Pero, ¿cómo una simple peregrinación se entrelaza con la riqueza culinaria de una región? La respuesta radica en la esencia misma de la cultura campesina: la comida como sustento, como expresión cultural y como vehículo de unión familiar y comunitaria. La Cruz no solo trajo consigo sus pertenencias, sino también sus saberes ancestrales, sus recetas de casa y una forma particular de entender y preparar los alimentos que, con el tiempo, se fusionaría y enriquecería la ya vibrante gastronomía nariñense.

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El Origen Enigmático: Raíces Campesinas y Sabores Ancestrales

La tradición popular sugiere dos posibles orígenes para la familia La Cruz: el pintoresco corregimiento de El Encano, a orillas de la Laguna de la Cocha, o una procedencia más amplia desde el oriente del país. Cada una de estas hipótesis dota a la familia de un bagaje culinario distinto, pero igualmente valioso.

Si la familia La Cruz provenía de El Encano, habrían crecido rodeados de la riqueza hídrica y agrícola de la región. Sus dietas estarían basadas en productos de la laguna, como la trucha, y vegetales cultivados en sus fértiles orillas. Es probable que dominaran la preparación de sopas sustanciosas, como el Cuy de Laguna (un plato tradicional a base de papas, arvejas y otros vegetales) o el Envuelto de Col, cocinados a fuego lento en fogones de leña. Su cocina estaría marcada por la simplicidad y la pureza de los ingredientes frescos, una característica que valoraban profundamente y que luego intentarían replicar en Pasto.

Por otro lado, si su viaje se inició en el oriente del país, las influencias habrían sido marcadamente diferentes. Las cocinas del oriente colombiano, aunque diversas, a menudo incorporan elementos de la despensa llanera o amazónica, con un mayor énfasis en carnes, tubérculos como la yuca y plátanos, y quizás técnicas de cocción al aire libre o asados. La diversidad de hierbas aromáticas y especias podría haber sido más pronunciada en sus preparaciones, aportando un toque exótico a sus futuras creaciones en Nariño. Esta dualidad en su posible origen es fascinante, ya que sugiere una amalgama de sabores y técnicas que enriquecerían su eventual aporte gastronómico.

Independientemente de su punto de partida, lo que es innegable es su condición de familia campesina. Esto significa que su relación con la comida no era meramente de consumo, sino de profunda conexión con la tierra, el ciclo de las cosechas y la sabiduría transmitida de generación en generación sobre cómo transformar ingredientes simples en platillos nutritivos y reconfortantes. Llevaban consigo no solo sus pertenencias, sino un vasto conocimiento de la agricultura, la conservación de alimentos y, lo más importante, las recetas que habían alimentado a sus antepasados por décadas.

La Peregrinación de Fe y Sabor: Un Viaje con Gusto a Tradición

El año 1928 marcó el inicio de una travesía que no solo sería espiritual, sino también culinaria para la familia La Cruz. Emprendieron una peregrinación hacia el Santuario de Las Lajas, una obra de arquitectura imponente y un epicentro de fe en el sur de Nariño. Un viaje de esta magnitud en esa época no era tarea fácil. Implicaba días, quizás semanas, de caminata, con provisiones limitadas y la necesidad de depender de la hospitalidad de los lugareños o de sus propios recursos.

En este contexto, la comida se convierte en un elemento central de la supervivencia y la interacción. La familia La Cruz, como buenos campesinos, habría llevado consigo una despensa básica pero estratégica: maíz tostado, panela, quesos curados, harinas para arepas o envueltos, y quizás carne seca o chicharrón. Estos alimentos, fáciles de transportar y de alto valor energético, constituían la base de sus comidas diarias en el camino.

Pero más allá de la supervivencia, la peregrinación fue una oportunidad de intercambio. Al pasar por diferentes pueblos y veredas, la familia La Cruz habría entrado en contacto con otras tradiciones culinarias locales. Imaginar sus paradas en posadas o casas de campesinos, compartiendo historias y, por supuesto, alimentos, es visualizar un crisol de sabores. Quizás ofrecían sus propias preparaciones a cambio de alojamiento o de otros productos locales, como papas, mellocos o ullucos, fundamentales en la dieta nariñense. Es en este intercambio donde las semillas de nuevas ideas culinarias podrían haber germinado.

Se cuenta que, con su espíritu emprendedor y su carácter afable (los famosos «personajes coloridos»), la familia La Cruz no solo consumía, sino que también producía y ofrecía. Podrían haber preparado pequeñas porciones de dulces caseros, empanadas de añejo o tamales envueltos en hojas de achira, vendiéndolos o intercambiándolos con otros peregrinos o habitantes de los pueblos aledaños para sufragar parte de su viaje. Esta interacción no solo les permitía subsistir, sino también sembrar la reputación de sus habilidades culinarias, preparando el terreno para su futuro en Pasto.

Asentamiento en Pasto: Raíces Profundas, Sabores Auténticos

Al llegar a Pasto, la capital de Nariño, la familia La Cruz se encontró con una ciudad en crecimiento, vibrante y con una rica tradición culinaria propia. Sin embargo, su llegada no pasó desapercibida. Su reputación de «personajes coloridos», posiblemente forjada durante su peregrinación, les abrió puertas y les permitió integrarse rápidamente en la comunidad.

Fue en Pasto donde la familia La Cruz comenzó a forjar su legado gastronómico de manera más formal. Con su conocimiento de la tierra y su habilidad para transformar los productos, es plausible que hayan establecido una pequeña fonda o un puesto en el mercado, ofreciendo sus especialidades. Se dice que se destacaron por su habilidad para preparar platos tradicionales con un toque casero y auténtico, utilizando ingredientes frescos de la región.

Entre sus especialidades, la tradición oral sugiere que popularizaron el «Ajiaco Nariñense», una versión robusta de la sopa, con múltiples variedades de papa, pollo, arvejas y un toque distintivo de hierbas aromáticas. También se les atribuye haber perfeccionado la receta de las «Empanadas de Añejo», con su masa de maíz añejo y rellenos variados, que se convirtieron en un favorito de los pastusos. Su secreto, quizás, residía en la paciencia para la cocción lenta, la selección meticulosa de los ingredientes y el amor con el que preparaban cada plato.

La influencia de la familia La Cruz no se limitó a sus propios establecimientos. Sus técnicas y recetas se difundieron, ya sea a través de la enseñanza a vecinos y amigos, o simplemente por la imitación de sus deliciosos sabores. Contribuyeron a solidificar la identidad de la cocina nariñense, que se caracteriza por su uso abundante de la papa en sus diversas variedades, el maíz, los cereales andinos y las carnes, todo ello aderezado con un profundo respeto por la tradición.

El Legado de Sabor de La Cruz: Una Tradición que Perdura

Aunque los nombres individuales de los miembros de la familia La Cruz se han desdibujado con el tiempo, su legado culinario persiste en la memoria colectiva de Nariño. Su historia es un recordatorio de cómo la migración y la fe pueden ser catalizadores para la transmisión y evolución de las tradiciones gastronómicas.

La mesa nariñense de hoy, con su diversidad de sabores y su arraigo a la tierra, debe parte de su riqueza a familias como La Cruz. Ellos demostraron que la verdadera cocina no es solo la suma de ingredientes, sino la historia que se cuenta en cada bocado, el esfuerzo de un viaje, la sabiduría de generaciones y el toque personal de «personajes coloridos» que supieron infundir alma en sus creaciones.

Su historia es un eco de muchas otras que han enriquecido la gastronomía colombiana: la de campesinos y migrantes que, con sus manos y su ingenio, han transformado la despensa local en un festín de sabores que celebra la identidad de una región. La Cruz no solo llegó a Pasto; echó raíces profundas, y de esas raíces brotaron sabores que hoy son parte fundamental de la identidad culinaria nariñense.

Tabla Comparativa: Posibles Influencias Culinarias de la Familia La Cruz

Origen SugeridoCaracterísticas Culinarias AsociadasPosibles Aportes a la Cocina Nariñense
El Encano (Laguna de la Cocha)Cocina de laguna y páramo: trucha, papas nativas, hierbas frescas. Enfasis en sopas y estofados reconfortantes.Introducción de variedades específicas de papa, técnicas de cocción lenta para caldos y guisos, uso de hierbas de altura.
Oriente del País (Llanos/Amazonía)Cocina de sabana y selva: carnes asadas, yuca, plátano, condimentos exóticos.Posibles nuevas formas de preparar carnes, incorporación de plátano o yuca en platos nariñenses, uso de especias más diversas.

Preguntas Frecuentes sobre la Familia La Cruz y su Legado Culinario

¿Existe algún restaurante o plato en Nariño que lleve el nombre de la familia La Cruz?

Aunque no hay un establecimiento o plato específico oficialmente nombrado en honor a la familia La Cruz, su legado se siente en la autenticidad y el arraigo de muchos platillos tradicionales nariñenses. Su historia es más bien un testimonio de cómo las tradiciones culinarias se construyen a partir de las contribuciones anónimas pero fundamentales de familias como la suya, que preservaron y popularizaron sabores caseros.

¿Qué significa que fueran “personajes coloridos”?

La expresión «personajes coloridos» sugiere que eran individuos con personalidades vibrantes, carismáticas y quizás un poco excéntricas, lo que los hacía memorables y populares en la comunidad. En el contexto de la gastronomía, esto podría haberse traducido en una pasión contagiosa por la cocina, una forma única de presentar sus platos o incluso un trato amable y memorable con sus clientes, que los hacía destacar.

¿Cómo influyó la peregrinación a Las Lajas en su desarrollo culinario?

La peregrinación fue crucial porque expuso a la familia La Cruz a diversas culturas y tradiciones gastronómicas a lo largo del camino. Tuvieron la oportunidad de intercambiar conocimientos con otros viajeros y lugareños, aprender nuevas técnicas o ingredientes, y quizás incluso perfeccionar sus propias recetas al adaptarlas a los recursos disponibles en su ruta. Este viaje, lejos de ser solo espiritual, fue también una odisea de descubrimiento gastronómico.

¿Cuál es la importancia de la papa en la cocina nariñense, y cómo pudo La Cruz haber contribuido a ello?

La papa es un pilar fundamental de la cocina nariñense, con una increíble variedad de tipos nativos. La familia La Cruz, al ser campesina, habría tenido un conocimiento profundo de las diferentes papas y sus usos culinarios. Es probable que hayan contribuido a popularizar ciertas variedades o a perfeccionar platos donde la papa es protagonista, como el ajiaco o los guisos, resaltando su versatilidad y valor nutricional, consolidando así su lugar central en la dieta regional.

¿La historia de la familia La Cruz es un hecho documentado o una tradición oral?

La información proporcionada indica que es una «tradición», lo que sugiere que es un relato que ha sido transmitido oralmente a lo largo de las generaciones. Este tipo de historias son comunes en la cultura popular y, aunque no siempre estén respaldadas por documentos históricos formales, son valiosas por su capacidad para preservar la memoria colectiva y las raíces culturales de una comunidad, especialmente en el ámbito de las costumbres y la gastronomía.

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