10/03/2024
En el corazón de la Cordillera de los Andes, en el Departamento de Nariño, Colombia, floreció una cultura ancestral conocida como los Quillacingas, un pueblo cuyo nombre evoca la mística conexión con el cosmos: “Los hijos de la luna”. Más allá de sus intrigantes rituales y su profunda espiritualidad, el sustento de esta numerosa población —que en 1558 se estimaba en más de 27.000 habitantes— dependía crucialmente de su ingenio y su profunda relación con la tierra. Su dieta, variada y abundante, no solo les permitía prosperar en un entorno montañoso, sino que también reflejaba una sofisticada comprensión de la agricultura y una armoniosa interacción con la naturaleza.

Los Quillacingas: Maestros de la Agricultura Andina
El pilar fundamental de la alimentación Quillacinga residía en su avanzada práctica agrícola. Lejos de ser meros recolectores, este pueblo se destacó como un grupo de agricultores avanzados, capaces de transformar los diversos pisos térmicos de su territorio en fértiles despensas. Su profundo conocimiento de los suelos y los ciclos naturales les permitía una producción no solo voluminosa, sino también extraordinariamente diversificada, un factor clave para la seguridad alimentaria de una comunidad tan grande.
Entre los cultivos más exitosos que los Quillacingas lograron domesticar y cultivar con gran maestría se encontraban alimentos esenciales para la dieta andina y precolombina. El maíz, base de muchas civilizaciones americanas, ocupaba un lugar central, al igual que las papas, con sus innumerables variedades adaptadas a las alturas. Otros tubérculos y legumbres vitales incluían el fríjol, la yuca, el camote, la arracacha y la oca, que aportaban carbohidratos y proteínas esenciales. La diversidad se extendía a frutos como el zapallo, el maní, la piña y el aguacate, así como a cultivos no alimenticios pero igualmente importantes como el algodón, lo que denota una economía agrícola bien estructurada y con excedentes.
La adaptabilidad de los Quillacingas a su entorno era tal que, con la llegada de los productos europeos, la asimilación fue sorprendentemente fluida. Cultivos como la cebada, el trigo y diversas hortalizas se integraron rápidamente a sus sistemas de producción. Esta facilidad de adaptación no solo se atribuye a la calidad de los suelos nariñenses, sino también, y de manera crucial, al vasto conocimiento que los nativos ya poseían sobre las técnicas de cultivo y la preparación de los terrenos. Los campos que habían nutrido cosechas autóctonas antes de la conquista española estaban listos para acoger nuevas semillas, demostrando una resiliencia y una sabiduría agrícola dignas de admiración.
El Rol Vital de la Caza en la Dieta Quillacinga
Si bien la agricultura constituía la base de su sustento, la dieta Quillacinga se veía enriquecida y complementada por la caza. Esta actividad, lejos de ser un mero pasatiempo, era una fuente crucial de proteínas animales que equilibraba su alimentación predominantemente vegetal. Los bosques y páramos que rodeaban sus asentamientos ofrecían una variedad de fauna silvestre, de la cual obtenían recursos cárnicos valiosos.
Entre los animales que formaban parte de su menú se encontraban el venado, un animal de gran porte que proporcionaba una cantidad considerable de carne, y el conejo, más pequeño pero igualmente apreciado. Aves como las perdices, palomas, tórtolas, faisanes y pavas también eran cazadas, aportando diversidad y nutrientes a su dieta. La caza no solo era una actividad económica, sino que también pudo haber tenido un componente cultural y ritual, dada la importancia de ciertos animales en su cosmología, como el venado, que a menudo aparecía en su arte rupestre y orfebrería.

Alimentación, Cultura y Espiritualidad: Un Vínculo Indisoluble
Para los Quillacingas, la alimentación trascendía la mera subsistencia; estaba intrínsecamente ligada a su cosmovisión y espiritualidad. Como “hijos de la luna”, este astro y el sol jugaban un papel fundamental en su vida, influyendo directamente en sus prácticas agrícolas. Se creía que los cultivos no eran solo materia, sino que poseían energía viva, imbuida por la influencia de la luna y el sol.
Esta conexión espiritual se manifestaba en rituales y creencias que rodeaban el acto de cultivar. Por ejemplo, la anécdota del abuelo Abraham instruyendo a los niños a echar agua a la tierra durante un eclipse lunar para que la luna “no se secara” y se “resbalara” del sol, ilustra la profunda creencia en la interdependencia entre los cuerpos celestes, el agua, la tierra y, por ende, la fertilidad de sus cultivos. La tierra misma era vista como un ente sagrado, una “Mama Cocha” a la que se le cantaba y se le hacían ofrendas de agradecimiento, reconociendo que de ella provenía todo el sustento.
La importancia de la luna en su identidad es tal que el mismo nombre “Quillasinga” ha sido interpretado como “Nariz de luna”, en alusión a los aros que sus ancestros usaban en la nariz, o directamente como “Hijos de la luna”. Esta designación refuerza la idea de un pueblo profundamente conectado con los ciclos lunares, que son cruciales para la agricultura, especialmente en el control de las mareas de la savia en las plantas y la influencia en los ciclos de siembra y cosecha.
Tabla Comparativa de Cultivos
| Cultivo Tradicional Quillacinga | Propiedades / Uso Culinario | Cultivo Europeo Adaptado | Notas de Adaptación |
|---|---|---|---|
| Maíz | Base de la dieta, harina, chicha. | Trigo | Introducido por españoles, se adaptó bien a los suelos fértiles. |
| Papas | Principal fuente de carbohidratos, diversas variedades. | Cebada | Cultivo de cereal, utilizado para pan y bebidas. |
| Fríjol | Fuente de proteína vegetal, legumbre esencial. | Hortalizas (varias) | Amplia variedad, complementaban la dieta de vegetales. |
| Yuca | Tubérculo energético, base para harinas. | No se menciona un equivalente directo, pero se integraron bien. | |
| Camote | Tubérculo dulce, fuente de energía y vitaminas. | ||
| Arracacha | Raíz andina, sabor distintivo, nutritiva. | ||
| Oca | Tubérculo similar a la papa, de sabor ligeramente ácido. | ||
| Zapallo | Calabaza, utilizada en guisos y sopas. | ||
| Maní | Leguminosa, fuente de grasas y proteínas. | ||
| Piña | Fruta tropical, jugosa y dulce. | ||
| Aguacate | Fruta rica en grasas saludables. |
Preguntas Frecuentes sobre la Alimentación Quillacinga
¿Cuál era el alimento principal de los Quillacingas?
El alimento principal de los Quillacingas era el maíz, seguido de una amplia variedad de tubérculos como la papa, la yuca, el camote, la arracacha y la oca. Estos productos agrícolas constituían la base de su dieta.
¿Cómo influyó su entorno geográfico en su dieta?
El entorno geográfico de la Cordillera de los Andes, con sus diversos pisos térmicos, permitió a los Quillacingas cultivar una gran variedad de productos agrícolas. Esta diversidad de climas y altitudes se tradujo en una dieta rica y variada, aprovechando al máximo los recursos de cada zona.

¿Los Quillacingas cazaban para alimentarse?
Sí, los Quillacingas complementaban su dieta agrícola con la caza. Consumían carne de venados, conejos, perdices, palomas, tórtolas, faisanes y pavas, lo que les proporcionaba una fuente importante de proteínas y nutrientes adicionales.
¿Qué papel jugaba la luna en su agricultura?
La luna jugaba un papel fundamental en la agricultura Quillacinga, ya que se consideraba que los cultivos tenían “luna” y “energía viva”. Existían creencias y rituales, como el de echar agua a la tierra durante un eclipse lunar, para asegurar la fertilidad y el bienestar de las cosechas, reflejando su profunda conexión espiritual con los ciclos celestes.
¿Qué tipo de plantas cultivaban además de alimentos?
Además de una vasta gama de alimentos, los Quillacingas también cultivaban plantas medicinales, lo que demuestra su conocimiento integral de la botánica y su aplicación para la salud y el bienestar de la comunidad. También cultivaban algodón, utilizado para otros fines más allá de la alimentación.
La alimentación de los Quillacingas es un testimonio de la riqueza cultural y el ingenio de los pueblos precolombinos. Su capacidad para desarrollar una agricultura tan avanzada y diversificada, complementada por una caza estratégica, les permitió no solo sobrevivir, sino prosperar en un entorno exigente. Más allá de la nutrición física, cada siembra y cada cosecha eran actos imbuidos de un profundo significado espiritual, conectando a los “Hijos de la Luna” con la tierra que los sostenía y los astros que guiaban su camino. Su legado nos recuerda la importancia de una relación armoniosa y respetuosa con el medio ambiente, una lección valiosa para la gastronomía y la vida en la actualidad.
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