08/08/2023
La palabra Chimila resuena con el eco de una historia milenaria y la profunda conexión con el corazón indomable de Colombia. Más allá de un mero topónimo, Chimila representa a un pueblo indígena con una herencia cultural rica y compleja, marcada por la resistencia y una profunda arraigo a la selva virgen. Este artículo se adentra en el mundo de los Chimila, basándose en los cautivadores relatos de exploradores y en la realidad actual de su lengua, un patrimonio lingüístico que hoy lucha por sobrevivir. Acompáñenos en este viaje para desentrañar quiénes son los Chimila, cómo viven y cuál es el significado de su valioso legado en el panorama cultural colombiano.

- Un Viaje a la Selva Virgen: El Encuentro con los Chimila
- La Vida Cotidiana Chimila: Hogar, Tradiciones y Sustento
- Artesanía y Herramientas: La Ingeniosidad Chimila
- Guerreros del Pasado: Historia y Resistencia
- El Idioma Chimila: Un Tesoro en Peligro
- Preguntas Frecuentes
- El Legado de los Chimila: Reflexiones Finales
Un Viaje a la Selva Virgen: El Encuentro con los Chimila
La expedición de Gustaf Bolinder hacia las tierras de los Chimila fue, en sí misma, una odisea que ilustra la naturaleza remota y desafiante de su hábitat. Tras un extenuante recorrido por las pantanosas orillas del río Ariguaní, batallando contra la omnipresencia de insectos y la densa maleza que ocultaba cualquier sendero, el explorador y su compañero Francisco finalmente hallaron la senda. Esta, sin embargo, se encontraba en tan pésimo estado que obligó a dejar atrás a la mula de carga, una bestia maltrecha que no pudo continuar. Pero la recompensa estaba cerca. En un claro de la selva, la visión de un techo de paja confirmó su llegada al hogar de los Chimila.
La primera impresión fue la de una choza de proporciones considerables, con una distintiva forma de carpa, íntegramente cubierta con hojas de palma y resguardada por árboles de papayo. De su interior emergió, gateando, un indio ya mayor, cuya apariencia era tan salvaje como cabría esperar. Casi desnudo, ataviado únicamente con un faldón hermosamente tejido y pintado, portaba el cabello largo y llevaba en una mano un arco con flechas, y en la otra una muy afilada macana. A pesar de su imponente aspecto, los recibió con amabilidad, y tras un obsequio de un pañuelo, les invitó a entrar en la choza. El anciano Chimila conocía algunas palabras en español, facilitando el primer contacto.
Una vez dentro, y tras acostumbrar los ojos a la penumbra, la magnitud y la solidez de la choza se hicieron evidentes. Era una construcción sencilla pero eficaz, con un techo en forma de silla de montar que descansaba directamente sobre la tierra. Dos fuegos proporcionaban la única iluminación, mientras en un rincón, mujeres y niños se habían escabullido, observando con curiosidad. Una anciana, de aspecto poco agraciado, estaba sentada en un banquito junto a la puerta. A ella le regalaron un espejo que, a pesar de reflejar su imagen, pareció complacerla inmensamente. La observación de Bolinder de que “los chimila viven mejor que sus vecinos colombianos de la región” sugiere una autosuficiencia y calidad de vida sorprendente en su entorno.
La Vida Cotidiana Chimila: Hogar, Tradiciones y Sustento
El interior de las chozas Chimila revelaba una organización práctica y una vida ligada a los recursos de su entorno. Alrededor de las paredes, colgaban canastas y mochilas que contenían los utensilios domésticos esenciales, así como alimentos básicos como maíz y yuca. Un detalle peculiar y fascinante era la presencia de un gran número de tortugas colgadas, moviendo lentamente sus patas informes y emitiendo bufidos si se las rozaba. Esta era la ingeniosa manera en que los Chimila conservaban la carne fresca, ya que estos animales pueden sobrevivir semanas sin alimento ni agua. Una gran repisa de listones en una de las paredes laterales estaba repleta de canastas con diversos contenidos, demostrando una buena capacidad de almacenamiento. Aunque un agujero en el techo permitía la entrada de algo de luz, también dejaba pasar la lluvia, un inconveniente menor para un pueblo adaptado a la selva.
Las hamacas de algodón teñidas de color café, colgadas en los rincones, servían para el descanso, aunque, como era común entre los indios, resultaban demasiado cortas para personas de gran tamaño como los nórdicos. La vida cotidiana se desarrollaba en un entorno comunal, donde el sustento se obtenía directamente de la naturaleza.
Entre sus costumbres más notables, los Chimila utilizaban una pasta roja, que Francisco identificó como achiote, para untarse el cuerpo. Esta sustancia, según aseguraron, era muy efectiva contra las picaduras de insectos, y curiosamente, era la misma que usaban los indios Ijca para su danza tánican, a pesar de la distancia geográfica entre ambos pueblos. Este intercambio o conocimiento compartido de recursos naturales subraya una red cultural más amplia.
La vestimenta de los Chimila era un aspecto interesante de su cultura. Los hombres usaban un faldón tejido y pintado, del cual el anciano anfitrión no quería desprenderse por nada del mundo, ni siquiera a cambio de varios metros de tela de algodón. Las mujeres, por su parte, vestían una especie de camisón flojo, similar al de los Kaggabas pero más largo y de tejido fino. Adquirir una de estas prendas también resultó una tarea imposible para el explorador. Debajo del faldón, los hombres llevaban una faja y, debajo de esta, un cubrepene hecho de totuma, revelando capas de vestimenta de significado cultural profundo.
El trueque era la forma principal de interacción comercial. Bolinder y Francisco ofrecían cuchillos, collares y pañuelos rojos, objetos que los Chimila no podían resistir. Fue así como el explorador consiguió una vestimenta masculina, un arco bien hecho, una muñequera de madera y flechas con diferentes tipos de puntas: de hierro, de madera con puyas y de bola de madera. La adquisición de una clinaya, una macana hecha de la madera negra, recia y fuerte del árbol de dividivi, fue un logro significativo, especialmente al ver la gran impresión que causó su última bayoneta sueca en el patriarca Chimila. Estas macanas, con figuras grabadas, ahora tomaban como modelo los machetes colombianos, mostrando una adaptación a las herramientas externas.
Un encuentro inesperado en uno de los cobertizos fue el de un mulato dormitando, quien al ser descubierto, se levantó asustado. Este hombre llevaba tiempo viviendo con los indios, con una mochila como única posesión. Bolinder comprendió que había buscado refugio allí, huyendo de la justicia, pues “nadie busca a los indios colombianos por voluntad propia” en esas circunstancias. La tranquilidad del mulato al ver que Bolinder era extranjero y estaba en compañía de un indio, destaca la percepción de seguridad que ofrecía la comunidad Chimila.
Artesanía y Herramientas: La Ingeniosidad Chimila
La habilidad artesanal de los Chimila, aunque a veces descrita como primitiva, reflejaba una profunda adaptación a su entorno y el uso ingenioso de los materiales disponibles. Sus mochilas, por ejemplo, eran muy distintas a las de los indios de la Sierra y los Motilones; estaban hechas de tiras gruesas de rafa, muy ralas, evidenciando una técnica y un estilo propios. Aunque el único instrumento musical que el explorador encontró fue una sonajera hecha de totuma, no se podía inferir que su inventiva musical fuera menor, ya que podrían haber tenido otros instrumentos ocultos que no quisieron mostrar.
En cuanto a la elaboración de hilos y tejidos, los Chimila utilizaban husos de hilar con ruedas de carey o barro. Sorprendentemente, también fabricaban ruedas huecas de barro, lo cual era peculiar dado lo rudimentario de su cerámica. Sus tiestos cerámicos eran de formas irregulares y burdas, a menudo con los rollos de barro dejados como ornamento. La técnica de fabricación era común entre la mayoría de los indios: se elaboraban rollos de barro, se colocaban uno sobre otro y luego se alisaba todo con las manos o con un palito de madera.

Los portabebés Chimila eran objetos igualmente simples pero funcionales: un pedazo de algodón, aparentemente tejido, atado a una tira de rafa. Dada su simplicidad, se deduce que los niños muy pequeños quizás no podían mantenerse agarrados a esta prenda por sí solos, como se observó en una de las mujeres que sostenía a su bebecita sin usarlo.
Guerreros del Pasado: Historia y Resistencia
A pesar de su apariencia actual, descrita como “facos, raquíticos y encogidos”, los Chimila no tienen en modo alguno el aspecto de guerreros. Sin embargo, la historia los recuerda como tales. Se les conocía como “antiguos guerreros”, un pueblo grande y poderoso en tiempos de la Conquista. Las crónicas de la época los describían como “casi totalmente salvajes”, que andaban desnudos y empleaban flechas envenenadas, una práctica que mantuvieron durante varios siglos. Su presencia hacía peligroso el tráfico de canoas por el río Magdalena, un testimonio de su poder y ferocidad.
Los Chimila también tuvieron conflictos con otras tribus, como los Ijca, quienes relataban que, antes de la llegada de los blancos, los Chimila vivían más arriba en la Sierra y se enfrentaban constantemente con ellos, habitando lo que hoy es Pueblo Viejo. Si esta información es precisa, es comprensible que sucumbieran ante la presión de los indios de la Sierra y los españoles, quienes los obligaron a replegarse hasta las insalubres selvas húmedas, su actual territorio. Su lenguaje y cultura son completamente distintos a los de los indios del macizo, lo que refuerza su identidad única y su trayectoria histórica.
Lamentablemente, los Chimila sufren en alto grado de “jobero” o carate, una enfermedad que, según el explorador, parecía exclusiva de ellos y había degenerado su raza. Esta condición, junto con la presión histórica y la modernización, ha llevado a una drástica reducción de su población. “No está lejos el día de la extinción de esta tribu de antiguos guerreros”, profetizaba Bolinder, una premonición que hoy, más de un siglo después, sigue siendo una preocupante realidad. La visión de las obras de la compañía frutera, que buscaban convertir sus selvas en plantaciones de banano, fue un sombrío presagio: “¡El objetivo era convertir la tierra de los chimila en un cultivo! ¡Dentro de poco estos indios se habrán extinguido, sacrificados para que podamos comer más bananos!”
El Idioma Chimila: Un Tesoro en Peligro
Más allá de la identidad de un pueblo, la palabra Chimila también denomina su lengua, un componente vital de su cultura y su futuro. El chimila es una lengua indígena colombiana catalogada actualmente como en peligro de extinción, lo que subraya la fragilidad de su patrimonio cultural. Pertenece a la familia lingüística Chibcha, un grupo de lenguas que se extiende por diversas regiones de Centroamérica y el norte de Sudamérica, lo que le confiere una importancia lingüística y antropológica significativa.
Aunque es la primera lengua de todos los adultos de la comunidad étnica Chimila, el panorama entre los jóvenes es menos alentador, ya que no todos la dominan. Esta brecha generacional es un indicador crítico del riesgo de pérdida lingüística. La continuidad de una lengua depende en gran medida de su transmisión a las nuevas generaciones. Actualmente, no se sabe con certeza si la lengua chimila se enseña formalmente en las escuelas, un factor crucial para su revitalización y preservación. La desaparición de una lengua no solo implica la pérdida de un sistema de comunicación, sino también la extinción de una forma única de ver y entender el mundo, de un corpus de conocimientos ancestrales, de historias, mitos y tradiciones que solo pueden ser expresados plenamente en su idioma original.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa la palabra Chimila?
En el contexto etnográfico y cultural, “Chimila” se refiere a un pueblo indígena originario de Colombia, con una historia milenaria y una cultura distintiva. Además, “chimila” es el nombre de su lengua nativa, que pertenece a la familia lingüística chibcha y actualmente se encuentra en peligro de extinción.
¿Dónde habitan o habitaron históricamente los Chimila?
Los Chimila habitan o habitaban en las cercanías del río Ariguaní, en las selvas húmedas y pantanosas de Colombia. Las crónicas sugieren que en el pasado pudieron haber vivido más al norte, en la Sierra, en lo que hoy es Pueblo Viejo, antes de ser desplazados hacia las insalubres selvas por conflictos con otras tribus indígenas y los colonizadores españoles.
¿Cómo es la lengua Chimila en la actualidad?
El chimila es una lengua indígena colombiana considerada en peligro crítico de extinción. Aunque es la primera lengua para la mayoría de los adultos Chimila, no todos los jóvenes de la comunidad la dominan. Actualmente, no hay información pública confirmada sobre si esta lengua se enseña formalmente en las escuelas, lo que representa un desafío significativo para su supervivencia.
¿Qué enfermedades afectan particularmente a los Chimila?
Según los relatos históricos, los Chimila sufren en alto grado de una enfermedad conocida como “jobero” o “carate”. Esta afección, que parecía exclusiva de ellos en la región, se ha asociado con la degeneración de su raza y ha contribuido a la disminución de su población a lo largo del tiempo.
¿Fueron los Chimila un pueblo guerrero en el pasado?
Sí, los Chimila son descritos como “antiguos guerreros”. Durante la época de la Conquista, eran un pueblo grande y poderoso, conocido por su naturaleza “salvaje”, su desnudez y el uso de flechas envenenadas, una práctica que mantuvieron por siglos. Su belicosidad hacía peligroso el tráfico fluvial en el río Magdalena, lo que evidencia su dominio y fuerza en la región.
El Legado de los Chimila: Reflexiones Finales
La historia de los Chimila es un testimonio de resiliencia y adaptación, pero también un recordatorio sombrío de las presiones que enfrentan los pueblos indígenas ante el avance de la modernidad. Desde sus ancestrales chozas en la selva hasta la amenaza de la extinción de su lengua, los Chimila representan un capítulo vital y a menudo olvidado de la diversidad cultural de Colombia. Su legado, marcado por la ingeniosidad en la supervivencia, la riqueza de sus tradiciones y la fortaleza de su espíritu guerrero, es un valioso patrimonio que merece ser conocido y preservado. A medida que las selvas se transforman en plantaciones y las lenguas ancestrales callan, es imperativo reflexionar sobre el costo de este progreso y la incalculable pérdida que representa cada cultura que se desvanece en el tiempo.
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