22/12/2024
Engativá, hoy conocida cariñosamente como la Puerta del Sol, es mucho más que una localidad en la bulliciosa Bogotá. Es un territorio que respira historia, cuyas raíces se hunden profundamente en la época prehispánica, cuando era uno de los asentamientos más significativos de los Muiscas en la Sabana de Bogotá. Su evolución, desde un próspero poblado indígena hasta una pieza clave del Distrito Capital, es una narrativa cautivadora que merece ser explorada con detalle, desvelando cómo era este lugar antes de convertirse en la vibrante zona urbana que conocemos hoy.

Para comprender verdaderamente a Engativá, es esencial retroceder en el tiempo y entender sus orígenes. Su nombre, cargado de significado, proviene de los vocablos muiscas “Engua-tiva”, que denotaban la profunda importancia que los antiguos habitantes daban a su tierra, a su fertilidad y a la inmensa belleza de su entorno. Los relatos ancestrales sugieren que “Engue” se asociaba con lo ameno, lo placentero, y “tiva” con el concepto de señor. Así, el nombre original, “Ingativa”, se traducía como “Señor de lo ameno o de lo sabroso”, o incluso como “Tierra del Sol”, un apelativo que resuena con la riqueza y el esplendor natural que caracterizaban este territorio. Esta denominación no solo reflejaba una ubicación geográfica, sino una conexión espiritual y cultural profunda con el entorno natural que los rodeaba y les proveía sustento.
- Engativá Prehispánica: Un Paraíso Natural y Abundante
- La Llegada de la Colonia y la Transformación Social
- Vida y Tradiciones en el Antiguo Municipio de Engativá
- La Anexión a Bogotá y el Comienzo de una Nueva Era
- Engativá: Del Pasado Rural al Presente Urbano
- Preguntas Frecuentes sobre el Pasado de Engativá
Engativá Prehispánica: Un Paraíso Natural y Abundante
Antes de la llegada de los conquistadores, la población muisca de Engativá gozaba de un privilegio incalculable gracias a su excepcional localización. Su territorio era un vergel, salpicado de arroyos, quebradas y lagunas que servían como arterias vitales para sus actividades cotidianas. La agricultura florecía gracias a la abundancia de agua, y la pesca era una fuente primordial de alimento. En sus aguas cristalinas, los pobladores capturaban sardinatas, capitanes y truchas, peces que hoy son difíciles de encontrar en las condiciones de antaño. El río Funza, conocido hoy como el río Bogotá, era la fuente mayor y más generosa, un verdadero pulmón para la comunidad. Durante siglos, y hasta hace apenas unas décadas (aproximadamente 35 años), sus habitantes podían surtirse de sus aguas para los quehaceres del hogar, nadar en sus orillas o disfrutar de actividades recreativas en sus pintorescos paisajes. El río no era solo un recurso; era un compañero de vida, un espacio de encuentro y subsistencia que definía la esencia de Engativá.
La idílica existencia de Engativá comenzó a cambiar drásticamente con la llegada de los conquistadores españoles. Tras la derrota de los indígenas, el poblado fue fundado oficialmente el 22 de mayo de 1537, marcando el inicio de una nueva era. Diego Romero de Aguilar fue el primer encomendero, encargado de la tutela y explotación de los indígenas locales, un sistema que despojó a las comunidades de su autonomía y sus tierras. La influencia de la Iglesia Católica no tardó en hacerse sentir. En 1556, el cura dominico Juan López fue nombrado el primer doctrinero, y con su llegada, las ricas tradiciones ancestrales de los indígenas muiscas comenzaron un lento pero inexorable proceso de decadencia y sincretismo. La imposición de una nueva fe y costumbres socavó las estructuras sociales y espirituales preexistentes.
En 1571, Engativá, aún una tierra completamente rural y vasta, fue asignada como dehesa de Santa Fe. Esto significaba que sus extensas planicies se destinaron al pastoreo y la cría de ganado para el abastecimiento de la creciente capital. Esta época estuvo marcada por un gobierno monárquico que promovía la esclavitud y consideraba al asentamiento indígena como su propiedad, consolidando un sistema de dominación y explotación. La iglesia, por su parte, cristalizó su poder con la construcción de la parroquia en nombre del Papa Clemente XII en 1638, la cual se transformaría en el Santuario de Nuestra Señora de los Dolores a partir de 1737. Aunque sufrió decadencia y abandono debido a terremotos, fue reconstruida y reabierta a la comunidad en 1960, un testimonio de su resiliencia y la importancia de la fe en la vida de sus habitantes.
Los procesos de dominación en la Colonia sometieron a los pobladores indígenas a través de la encomienda. En 1683, Engativá fue elevada a la categoría de parroquia, un paso que la integraba aún más en la estructura colonial. Sin embargo, la estocada final a la propiedad comunitaria de la tierra, tan característica del Resguardo Indígena muisca, llegó en la época republicana. Entre 1856 y 1858, se eliminó este concepto de propiedad, y las tierras fueron distribuidas y repartidas de forma individual. Este cambio radical llevó a que políticos, miembros del clero y personas pudientes se apropiaran de vastas extensiones de terreno por sumas irrisorias, dejando a los indígenas en la miseria, desterrados de sus propias tierras o reducidos a la condición de peones jornaleros. Esta redistribución sentó las bases para el desarrollo urbano desigual que caracterizaría a Engativá en los siglos venideros.
Vida y Tradiciones en el Antiguo Municipio de Engativá
Antes de su Anexión a la capital, Engativá era un municipio independiente con una vida social y cultural muy arraigada. Su cercanía a Bogotá fomentó una constante interacción religiosa, un aspecto que se evidencia en el Diagnóstico Sociocultural de Engativá. Este documento rememora las tradiciones, celebraciones y festividades religiosas que marcaban el calendario de la comunidad. Las festividades en honor a San Isidro, el patrón de los agricultores, eran de particular importancia, ya que se imploraba su intercesión para que la abundancia se reflejara en las cosechas y el abastecimiento de agua en beneficio de los campesinos, pilares de la economía local.

El parque principal de Engativá era el epicentro de la vida social y cultural. Fue escenario de múltiples celebraciones que invitaban a la participación de todos los pobladores de la región. Hasta aproximadamente 1940, este espacio vibraba con ferias y fiestas, incluyendo las populares corridas de toros, que congregaban a multitudes. Las festividades eran meticulosamente organizadas por los devotos y se caracterizaban por la celebración de misas solemnes, procesiones emotivas y la quema abundante de pólvora, que iluminaba el cielo nocturno y llenaba el aire de alegría. Entre las celebraciones más destacadas estaban las fiestas de Reyes, la Virgen de los Dolores, la Virgen del Carmen y la Virgen del Perpetuo Socorro, todas ellas expresiones de una fe profunda y una comunidad unida en sus tradiciones.
Hasta hace algunos años, existía una gruta en el parque central con la imagen de La Virgen, un lugar de recogimiento y devoción. Y aún hoy, la cofradía de La Virgen de los Dolores sigue viva, manteniendo una tradición centenaria. Antes de la anexión a Bogotá en 1954, el municipio de Engativá se encontraba dividido en 11 veredas: Bolivia, Boyacá, Cama Vieja, Cune, el Centro, Gaitán – París, La Florida, Las Granjas, Pueblo Viejo, Puerta Grande y San Joaquín. Curiosamente, muchas de estas veredas terminaron convirtiéndose en los conocidos barrios que hoy conforman la Localidad Décima, un testimonio de la expansión urbana que transformaría el paisaje rural en un entorno citadino.
El río Bogotá, en ese entonces conocido como río Funza, era un escenario de vida y recreación. Aunque hoy su imagen dista mucho de la de antaño, no hace muchas décadas era un lugar de encuentro y disfrute. En sus aguas, la gente solía nadar o pescar especies nativas como la sardinata, el capitán y la trucha, compartiendo momentos en familia o entre vecinos. Era un ecosistema vibrante, parte integral de la cotidianidad de Engativá, donde la naturaleza y la vida humana convivían en una armonía que hoy solo podemos imaginar.
La Anexión a Bogotá y el Comienzo de una Nueva Era
El 17 de diciembre de 1954 marcó un punto de inflexión decisivo en la historia de Engativá. Mediante el Decreto Legislativo No. 3640, Engativá fue anexada al naciente Distrito Especial de Bogotá, un destino que compartió con otros municipios vecinos como Bosa, Fontibón, Suba, Usme y Usaquén. Esta decisión, impulsada por el galopante proceso de crecimiento urbano de la capital a mediados del siglo XX, devino en una clara subordinación del desarrollo de las comunidades locales a los requerimientos de Bogotá, articulando su territorio al conjunto del distrito. Engativá dejó de ser un municipio autónomo para convertirse en una localidad de la gran urbe.
La integración a Bogotá trajo consigo una serie de transformaciones. Lo que alguna vez fue un pueblo a las afueras de la ciudad, comenzó a urbanizarse rápidamente. En 1969, la llegada del acueducto y la expansión de los servicios de salud fueron elementos clave que impulsaron este proceso de modernización. La vida rural dio paso progresivamente a la vida urbana, con la construcción de nuevas viviendas, la expansión de vías y la integración de Engativá en la dinámica de una metrópolis en constante crecimiento. Aunque la anexión implicó la pérdida de su autonomía administrativa, también significó acceso a una infraestructura y servicios que antes eran limitados. Hoy, Engativá es la Localidad número 10 de Bogotá, con una Alcaldía Local que, de acuerdo a la Ley 1 de 1992, reglamenta las funciones de las Juntas Administradoras Locales (JAL), los Fondos de Desarrollo Local y los Alcaldes Locales, y determina la asignación presupuestal de las localidades, consolidando su estructura dentro del marco del Distrito Capital.
Engativá: Del Pasado Rural al Presente Urbano
| Aspecto | Antes (Pre-1954) | Ahora (Actualidad) |
|---|---|---|
| Nombre/Identificación | Engua-tiva, Ingativa, 'Tierra del Sol', 'Señor de lo ameno' | Engativá, 'Puerta del Sol', Localidad No. 10 de Bogotá |
| Estatus Administrativo | Asentamiento Muisca, luego Municipio Independiente | Localidad del Distrito Capital de Bogotá |
| Economía Principal | Agrícola, Pesca (sardinatas, capitán, trucha), Ganadería (dehesa) | Principalmente Residencial, Servicios, Comercio |
| Tipo de Suelo Dominante | Rural, Resguardo Indígena, Propiedad Comunitaria | Urbano (3.439,2 ha), de Expansión (148,9 ha), sin suelo rural |
| Recursos Hídricos | Río Funza (Bogotá) como fuente de vida, natación, pesca, abastecimiento; arroyos, quebradas, lagunas | Humedales (Juan Amarillo, Jaboque, Santa María del Lago) protegidos; Río Bogotá con problemas ambientales |
| Organización Territorial | 11 veredas (Bolivia, La Florida, Pueblo Viejo, etc.) | 332 barrios, 4.242 manzanas, 80 sectores catastrales |
| Infraestructura/Servicios | Limitada, servicios básicos de autoabastecimiento | Amplia infraestructura urbana: acueducto (desde 1969), salud, 137 colegios, 1 hospital, 555 parques, 7 centros comerciales, TransMilenio |
| Población | Principalmente Indígenas y Campesinos | 817.019 habitantes (aproximadamente 10% de la población de Bogotá) |
Preguntas Frecuentes sobre el Pasado de Engativá
- ¿Cuál es el origen del nombre Engativá?
El nombre 'Engativá' proviene de los vocablos muiscas 'Engua-tiva' o 'Ingativa', que significaban 'Señor de lo ameno o de lo sabroso' o 'Tierra del Sol', haciendo alusión a la importancia y belleza de su territorio para los Muiscas. - ¿Engativá siempre fue parte de Bogotá?
No, Engativá fue un municipio independiente hasta el 17 de diciembre de 1954, cuando fue anexado al naciente Distrito Especial de Bogotá mediante el Decreto Legislativo No. 3640. - ¿Cómo era el río Bogotá en Engativá antiguamente?
Antiguamente, el río Funza (hoy Bogotá) era una fuente vital para los habitantes de Engativá. Sus aguas eran limpias, permitiendo actividades como la natación, la pesca de especies como sardinatas, capitanes y truchas, y el abastecimiento para los quehaceres del hogar, hasta hace aproximadamente 35 años. - ¿Qué actividades se realizaban en el parque principal de Engativá antes?
El parque principal era el centro de la vida social y cultural. Hasta 1940, albergaba ferias, fiestas patronales (como las de San Isidro, Reyes, Virgen de los Dolores, Carmen y Perpetuo Socorro), misas, procesiones y corridas de toros, con abundante quema de pólvora. - ¿Qué pasó con las tierras de Engativá durante la Colonia y la República?
Durante la Colonia, Engativá fue asignada como dehesa de Santa Fe. Posteriormente, en la época republicana (1856-1858), el concepto de propiedad comunitaria del resguardo indígena fue eliminado, y las tierras se distribuyeron de forma individual, lo que llevó a que personas pudientes se apropiaran de grandes extensiones, dejando a muchos indígenas sin tierra.
La historia de Engativá es un espejo de la transformación de un continente, de la colisión de culturas y de la resiliencia de una comunidad. Desde sus días como el 'Señor de lo ameno' para los Muiscas, pasando por la severidad de la Colonia y la República, hasta su integración en la modernidad bogotana, este territorio ha sabido conservar fragmentos de su pasado. Los Humedales que hoy la adornan, como el Juan Amarillo, Jaboque y Santa María del Lago, son ecosistemas que no solo albergan biodiversidad, sino que también actúan como guardianes de la memoria de sus antiguos ríos y lagunas. Conocer cómo era Engativá antes es fundamental para apreciar su presente y entender el valor de su patrimonio cultural y natural, una invitación a recorrer sus calles con una mirada más profunda y consciente de su rica y compleja identidad.
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