¿Cuál es el traje típico de Boyacá?

El Alma Tejida de Boyacá: Indumentaria y Tradición

07/09/2024

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En las faldas de la imponente cordillera andina, donde el frío se cuela por los recovecos de las montañas y el aire huele a tierra mojada, se teje una historia de tradición y arraigo. No es solo el paisaje lo que define a Boyacá; es la calidez de su gente, la fortaleza de sus costumbres y, sobre todo, la riqueza de su vestuario típico. Adentrarse en los secretos de la indumentaria boyacense es descubrir un universo donde cada prenda cuenta una historia, desde la laboriosa confección de una ruana hasta el significado intrínseco de un sombrero. Es un viaje a través de la lana de oveja, el algodón y los hilos que unen generaciones, revelando cómo la moda, en esta tierra, es un reflejo del alma campesina y la resiliencia ante el clima inclemente.

¿Cuál es el traje típico de Boyacá?
La ruana es una prenda autóctona esencial, ligada a las costumbres y a la tradición artesana de los campesinos, además, en la ciudad de Tunja, y en general todo el departamento de Boyacá, la ruana se ha caracterizado por ofrecerle resistencia a la dureza del frío.
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La Ruana: El Alma Tejida de Boyacá

Si hay una prenda que encapsula la esencia del departamento de Boyacá, esa es sin duda la ruana. Más que un simple abrigo, es un símbolo de identidad, un escudo contra el frío y una manifestación de la profunda conexión del campesino con su tierra. En las manos expertas de mujeres como doña Rosa, la ruana nace de un proceso artesanal que se ha transmitido de generación en generación, un ritual que comienza mucho antes de que el primer hilo toque el telar.

El Arte de la Confección Artesanal

El camino de la lana hasta convertirse en una ruana es largo y meticuloso. Todo empieza con la esquilada de las ovejas, un proceso que requiere de una destreza única y el uso de esquilones, tijeras especiales que cortan la lana desde la raíz. Una vez obtenida la preciada materia prima, la lana debe ser lavada con agua caliente para eliminar la grasa y la suciedad del campo, luego se estira y se pone a secar. Lo que sigue es la “manilla”, el arte de enrollar la lana pura y lavada en el brazo para luego hilarla en la madeja. De la madeja se pasa al “uvillo”, donde la lana hilada se convierte en una bolita, similar a las de estambre, lista para ser torcida. Este torcido, que va del hilo más delgado al más grueso, da origen a las hebras, cuyo número (una, dos, tres o hasta cuatro) influirá directamente en el diseño final de la ruana. Finalmente, la lana se lava una vez más, asegurando la pureza de la prenda que vestirá a quienes trabajan la tierra.

Este proceso, intensivo en mano de obra y conocimiento ancestral, garantiza la calidad y la calidez inigualable de las ruanas boyacenses. Doña Rosa, con sus “madejas” en mano, es testimonio vivo de esta tradición, produciendo ruanas “más calienticas y de buena calidad” a un precio módico de ciento veinte mil pesos, una inversión justa para un producto 100% de lana pura, hecho con el saber de quienes dominan cada paso, desde la esquilada hasta el telar.

Ruana de Lana Pura vs. Ruana de Algodón: ¿Cuál Elegir?

El mercado boyacense ofrece opciones para todos los gustos y bolsillos, pero la calidad es un factor determinante. Si bien la ruana de lana pura es la joya de la corona por su capacidad de abrigo y su autenticidad, existen imitaciones y versiones más económicas elaboradas con manta o tela de algodón común. La diferencia no es solo de precio, sino de funcionalidad y tradición.

CaracterísticaRuana de Lana PuraRuana de Algodón/Manta
Material PrincipalLana de oveja 100% puraManta o tela de algodón común
Capacidad de AbrigoExcelente, ideal para el frío intensoLimitada, menos efectiva contra bajas temperaturas
DurabilidadMuy alta, resiste el uso constante y el tiempoMenor, tiende a desgastarse más rápido
Precio PromedioEntre $120.000 COP y másEntre $50.000 y $60.000 COP
Origen y TradiciónArtesanal, ligada a la tradición campesinaComercial, a menudo producida en serie
Resistencia al AguaBuena, la lana repele la humedadBaja, absorbe el agua fácilmente

Como bien señala doña Rosa, “siempre es mejor comprar algo carito pero que dure”. La ruana de lana pura no solo abriga mejor, sino que representa un legado y el trabajo incansable de manos campesinas que se niegan a traicionar su arte.

Más que una Prenda: Un Símbolo Cultural

La ruana trasciende su función de abrigo para convertirse en un elemento esencial de la cultura boyacense. En el campo, suplió la necesidad de prendas como la capa o el redingote, influencias europeas que llegaron a las ciudades con la alta sociedad. Para las mujeres, reemplazó los chales, chalinas y pañolones de telas finísimas que solo las clases pudientes podían adquirir. Esta prenda autóctona se arraigó en las costumbres y la tradición artesana de los campesinos, ofreciendo una resistencia inigualable a la dureza del frío que caracteriza a Tunja y todo el departamento de Boyacá. “En tiempo de nevada uno se pone una ruana y no siente frío”, afirma doña Rosa, con la sabiduría de quien vive en armonía con la naturaleza.

El Sombrero: La Corona del Campesino Boyacense

Junto a la ruana, el sombrero es otro pilar fundamental del atuendo boyacense, un accesorio que no solo protege del sol o del frío, sino que encierra un profundo significado social y religioso. Es un complemento indispensable tanto para hombres como para mujeres, portado con orgullo y respeto.

Un Ritual de Devoción y Estilo

El sombrero acompaña a los boyacenses en sus quehaceres diarios y en los momentos más importantes, como la misa dominical. Este evento social, donde se busca ir “bien vestido”, ve a hombres y mujeres luciendo sus mejores sombreros. Sin embargo, su uso va más allá de la vanidad; es parte de un ritual de devoción y respeto. Antes de siquiera pisar el templo sagrado, cada persona se quita su sombrero, un acto de humildad y veneración. “Uno se quita el sombrero en la iglesia porque es santa”, explica doña Eugenia, una mujer del campo con una visión clara de sus tradiciones.

La historia del sombrero en Boyacá se entrelaza con establecimientos icónicos como la Sombrerería Richard, fundada en 1870 y aún en pie en la esquina de la catedral de Tunja. Desde 1949, bajo la dirección de José Liceo Vega, esta sombrerería ha sido un bastión de la tradición. Con la llegada de la radio en los años treinta y la influencia del cine argentino, el campesino adoptó conceptos modernos. El sombrero se popularizó aún más gracias a figuras como Carlos Gardel, cuyo estilo de sombreros de ala corta con cinta ancha dio origen al “Sombrero Gardeliano”, una moda que ha perdurado hasta hoy. Aunque los sombreros de paño pueden ser “caritos”, alrededor de ciento veinte mil pesos, su durabilidad los convierte en una inversión valiosa, siempre y cuando se les dé el debido cuidado, pues el agua y el maltrato pueden deteriorarlos.

La Evolución del Vestuario: Tradición y Adaptación

El vestuario boyacense es un espejo de la idiosincrasia y el nivel cultural y social de sus habitantes. A través del tiempo, la indumentaria ha demostrado una notable constancia, reflejo de una sociedad que ha conservado en gran medida su herencia hispano-indígena. Sin embargo, pequeñas variaciones han marcado su evolución.

¿Cómo se visten las mujeres en Boyacá?
En el caso de las mujeres de Boyacá, visten falda de algodón negra con amplios vueltos, blusa con bordados, pañolón negro sobre la cabeza, sombrero de caña y alpargatas con ataduras negras.

El Atuendo Femenino: De Faldas a Pantalones

Tradicionalmente, las mujeres de Boyacá visten falda de algodón negra con amplios vueltos, blusa con bordados, pañolón negro sobre la cabeza, sombrero de caña y alpargatas con ataduras negras. En el siglo XIX, las prendas se confeccionaban con telas nacionales como el lino y la fibra textil. Con la llegada de telas importadas, el comercio local se expandió, introduciendo variaciones en la calidad y el diseño. Aunque las clases altas y bajas compartían prendas básicas como enaguas, sayas, camisolas, faldas, corsé y casacas, la diferencia radicaba en la calidad de los materiales y la cantidad de ornamentos.

El vestido femenino no solo abrigaba y lucía, sino que empoderaba a la mujer campesina, dándole estatus y respeto. Las faldas de colores y flores, junto con los delantales, reflejaban limpieza, orden y el carácter vibrante de quien los portaba. Sin embargo, el siglo XXI trajo consigo una revolución silenciosa: el pantalón. Aunque al principio resultó “raro” e incómodo para mujeres como doña Rosa, que toda su vida usó faldas, la comodidad y practicidad de esta prenda la hicieron adoptar un cambio significativo en su indumentaria personal. En contraste, doña Eugenia, por ejemplo, sigue fiel a la falda y al delantal, considerando este último un complemento indispensable que su madre le enseñó a llevar para proteger sus valiosas prendas.

El Vestuario Masculino: Simple y Versátil

Mientras el atuendo femenino experimentaba cambios, el del hombre se ha mantenido más constante, caracterizándose por su personalidad innata, simple y básica, lo suficientemente versátil para adaptarse a cualquier ocasión. Para los domingos de misa, el hombre boyacense opta por su mejor traje: calzado lustroso, pantalón y camisa blanca impecable, siempre acompañados de su ruana y su sombrero, elementos que no solo abrigan, sino que son “adquisiciones culturales más preciadas”.

El Delantal y el Peinado: Detalles con Historia

Más allá de las prendas principales, el vestuario boyacense se complementa con detalles que hablan de una vida ligada a la tierra y a las costumbres ancestrales.

El Delantal: Símbolo de Limpieza y Cuidado

El delantal es una pieza fundamental en el atuendo femenino campesino. No es solo una barrera contra la suciedad del trabajo diario, sino un símbolo de pulcritud y orden. “Eso cuesta, y como todo, hay que cuidarlo”, es la filosofía que las madres transmiten a sus hijas, enseñándoles a llevar el delantal como parte esencial de su ser, protegiendo las prendas inferiores que con tanto esmero se adquieren y cuidan.

La Trenza: Elegancia Natural

El peinado también juega un papel crucial. Las campesinas boyacenses suelen tener largas cabelleras que, según sus creencias, lavan con jabón Rey. Para manejar el cabello durante el trabajo y los oficios, optan por la práctica y elegante trenza, un peinado típico que combina a la perfección con sus sombreros, aportando un toque de autenticidad y belleza natural.

Colores y Expresión: La Paleta de Boyacá

Aunque a menudo se asocia el campo con tonos sobrios, las mujeres boyacenses como doña Eugenia demuestran una afinidad por el color. Su atuendo, con delantal azul, saco tejido rojo, ruana gris y sombrero negro, irrumpe en la monotonía de los grises citadinos. Esta predilección por los colores vivos, como el rojo, azul, negro, verde o rosado, no es casualidad; es una manifestación de su carácter, su fuerza y su dulzura, una representación de emociones tan alegres como el rosado encendido o el azul cielo, o tan profundas como el negro.

El Corazón del Comercio Local: La Samacá

La tradición del vestuario boyacense también se nutre del comercio local, con lugares emblemáticos que han resistido el paso del tiempo. La “vuelta al perro”, la cuadra que concentraba los almacenes más populares de Tunja, era el epicentro de la moda y las necesidades. Allí, entre ferreterías y sastrerías, se alzaba el almacén La Samacá, un lugar indispensable desde su apertura el 2 de febrero de 1913.

Con más de un siglo de historia y en manos de la séptima generación de la familia Acevedo-Montañez, La Samacá es un baluarte de la tradición. Su nombre rinde homenaje a la manta Samacá, un textil de alta calidad que las personas pudientes del campo, como doña Rosa, podían adquirir para confeccionar todo tipo de prendas, desde pañolones para mujeres hasta trajes completos para hombres. La Samacá sigue siendo el lugar donde encontrar desde agujas e hilos hasta telas y elásticos, un tesoro que guarda incluso juguetes antiguos, demostrando que si algo no se encuentra allí, “cualquiera que trabaje allí se lo consigue”. Es el reflejo de un comercio cercano, donde la confianza y el servicio son tan valiosos como los productos que se venden.

Preguntas Frecuentes sobre el Traje Típico de Boyacá

¿Cuál es la prenda más representativa del traje típico de Boyacá?
Sin duda, la ruana de lana pura es la prenda más icónica y representativa del traje típico de Boyacá, valorada por su calidez, su proceso artesanal y su profundo significado cultural.
¿Cómo ha evolucionado el vestuario femenino en Boyacá?
El vestuario femenino en Boyacá ha mantenido elementos tradicionales como faldas, blusas bordadas y pañolones, pero ha incorporado adaptaciones como el uso del pantalón, mostrando una evolución hacia la comodidad y la modernidad sin perder la esencia cultural.
¿Qué papel juega el sombrero en la indumentaria boyacense?
El sombrero es un accesorio fundamental que no solo protege del clima, sino que es un símbolo de respeto y devoción, especialmente en eventos religiosos. Modelos como el "Sombrero Gardeliano" son parte de su rica historia.

Conclusión: Un Legado Tejido en Cada Fibra

El traje típico de Boyacá es mucho más que un conjunto de prendas; es una manifestación viva de la historia, la cultura y la resiliencia de un pueblo. Desde la fibra de lana que se transforma en una ruana cálida y protectora, hasta el sombrero que se quita con reverencia en la iglesia, cada elemento habla de una conexión profunda con la tierra y sus tradiciones. Es la sabiduría de doña Rosa en el hilado, la paleta de colores de doña Eugenia, y el legado de almacenes como La Samacá, lo que conforma un patrimonio textil que sigue abrigando cuerpos y almas en las frías montañas boyacenses, un testimonio de que lo más importante, ya sea un sombrero costoso o barato, se guarda en la cabeza, y en el corazón, la tradición.

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