¿Dónde es El Dorado en la vida real?

El Dorado: La Fascinante Búsqueda de un Mito Dorado

22/09/2024

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La leyenda de El Dorado ha cautivado la imaginación de aventureros y soñadores durante siglos, evocando imágenes de ciudades construidas enteramente de oro y riquezas inimaginables. Sin embargo, detrás de este mito deslumbrante se esconde una historia mucho más compleja y fascinante, arraigada en las costumbres de pueblos ancestrales y la incansable ambición de los conquistadores. Para entender dónde y qué es El Dorado, debemos sumergirnos en los orígenes de la leyenda y seguir los pasos de aquellos que la persiguieron.

¿Se ha encontrado El Dorado?
¿Se ha encontrado El Dorado? Sí, El Dorado ha sido identificado como el lago Guatavita, donde el "Hombre Dorado" (el rey del pueblo muisca [chibcha] de la actual Colombia) saltó después de haber sido cubierto de polvo de oro durante su ceremonia de coronación.
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El Origen Mítico: La Ceremonia Muisca del Hombre Dorado

La cuna de la leyenda de El Dorado no fue una ciudad, sino un ritual sagrado. El epicentro de esta ceremonia se encontraba en la mística Laguna de Guatavita, un espejo de agua formado en un cráter volcánico extinto, situado en las alturas de los Andes colombianos. Aquí, el pueblo Muisca, una confederación indígena rica en oro y esmeraldas, realizaba un rito de coronación para sus nuevos caciques.

Según los relatos, el futuro gobernante se preparaba con un periodo de abstinencia y reclusión. Al día de la coronación, el heredero era desnudado y untado con una liga pegajosa, para luego ser rociado con oro en polvo hasta quedar completamente cubierto de este metal precioso. Convertido en un deslumbrante “hombre dorado”, se embarcaba en una balsa de juncos, acompañado por cuatro caciques principales, igualmente adornados con oro y plumas. En el centro de la laguna, el cacique ofrecía a sus dioses un gran montón de oro y esmeraldas, arrojándolos a las profundidades. Luego, los demás caciques hacían lo mismo. Una vez concluida la ceremonia, el hombre dorado se sumergía en las aguas, emergiendo limpio, y así era reconocido como el nuevo señor y príncipe.

Esta ceremonia, que había dejado de practicarse mucho antes de la llegada de los españoles, fue la chispa que encendió la llama de la leyenda. Para los Muiscas, el oro no era simplemente un metal de valor monetario. Era apreciado por su brillo, su incorruptibilidad y sus profundas asociaciones espirituales, especialmente con el sol. Se ofrecía en grandes cantidades a los dioses, a menudo en forma de figurillas conocidas como tunjos, para mantener el equilibrio del cosmos y prevenir desastres naturales. La famosa «Balsa Muisca», una pieza de oro que representa esta ceremonia, hoy expuesta en el Museo del Oro en Bogotá, es el testimonio más palpable de este ritual.

La Fiebre del Oro: El Impulso Español

La sed de riquezas impulsó a los conquistadores españoles a explorar y someter vastos territorios. El descubrimiento de los tesoros incas en Perú por Francisco Pizarro en 1528, especialmente en Tumbes y Cajamarca, avivó aún más la ambición. La falta de conocimiento geográfico de Sudamérica llevó a la creencia errónea de que al ir hacia el sur desde la costa colombiana o venezolana, se encontraría el Océano Pacífico, emulando la orientación de Panamá.

Los primeros indicios de grandes riquezas en el interior del continente se remontan a Panamá en 1513, cuando Vasco Núñez de Balboa se encontró con la tribu del indio Comagre. Panquiaco, hijo de Comagre, al ver una riña entre los españoles por el reparto del oro, golpeó la balanza y les habló de una tierra llamada «Tumanamá», a seis jornadas, donde abundaba el oro, más allá de unas sierras. Este relato llevó a Balboa al descubrimiento del Mar del Sur (Océano Pacífico).

Más tarde, en la recién fundada Santa Marta (1525), los españoles escucharon numerosas fábulas de los nativos sobre lugares maravillosos y ricos en oro. Estas historias, a menudo inventadas por los indígenas para desviar a los conquistadores, solo alimentaron el deseo de los europeos. El término «El Dorado» comenzó a aplicarse a cualquier fantasía de riqueza.

Las Múltiples Búsquedas de El Dorado: Un Laberinto Geográfico

La persecución de El Dorado se convirtió en una obsesión que llevó a numerosas expediciones a través de selvas, montañas y llanos inhóspitos, cada una con su propia concepción de dónde se hallaba este mítico reino. A continuación, un resumen de las principales búsquedas:

ExploradorAñoRuta / Región de BúsquedaPercepción de El Dorado
Gonzalo Jiménez de Quesada1535-1539Río Magdalena, Altiplano Cundiboyacense (Muiscas)Laguna de Guatavita, riquezas Muiscas.
Ambrosio Alfinger1529-1532Lago Maracaibo, Valle de Upar, Sabana de los Caracoles (Colombia)Provincia de “Xerira”.
Diego de Ordás1531Río Orinoco, Río Meta“Manoa”, grandes minas de oro.
Sebastián de Belalcázar1534Quito (Ecuador), CundinamarcaUn rey cubierto de oro en “la provincia de El Dorado”.
Nicolás de Federmann1536-1539Llanos de Carora, Río Guaviare, Sabana de BogotáOro “al otro lado de la Sierra”.
Alonso de Alvaradoc. 1539-1542Chachapoyas (Perú), Río HuallagaTierra llana con un gran lago, un “orejón inca” llamado Ancallas.
Francisco de Orellana1540-1542Quito, Río Coca, Río Napo, Río AmazonasProvincia de Machifaro, Aomagua, “País de las Amazonas”.
Hernán Pérez de Quesada1540Bogotá, Llanos, Pasto“El Dorado” en el Oriente.
Felipe von Hutten1541Coro (Venezuela), Llanos, Río GuaviareCiudad de “Macatoa”, reino de los Omeguas/Ditaguas.
Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre1560-1561Río Marañón/AmazonasProvincia de Omagua, grandes riquezas.
Pedro Malaver de Silva1569-1574Guayanas, “Nueva Extremadura”Provincias de Omaguas, Omeguas y Quinaco.
Antonio de Berrío y Walter Raleigh1584-1595Cuenca del Orinoco, GuayanasGran lago interior (Lago Parima), ciudad de “Manoa”.
Manuel Centurión1770-1777Guayana, Río Caroní, Río ParaguaLago Parima, “Cerro Dorado”.

Expediciones Notables y sus Hallazgos (o Desilusiones)

Gonzalo Jiménez de Quesada: Partiendo de Santa Marta en 1535, Jiménez de Quesada buscó una ruta al Perú. Descubrió que la sal de la costa se encarecía, y luego halló una sal de “panes” que provenía del altiplano cundiboyacense. Esto lo llevó a las tierras de la Confederación Muisca, un pueblo rico en oro y esmeraldas. Sin autorización, se adentró en el territorio, encontró la Laguna de Guatavita y sus tesoros, y fundó Santa Fe de Bogotá. Sus hallazgos confirmaron la existencia de riquezas, pero no una ciudad de oro en sí.

Ambrosio Alfinger: En 1529, este banquero alemán, gobernador de Venezuela, exploró el sur del lago Maracaibo. Aunque no encontró oro inicialmente, sus expediciones por el río Magdalena en 1530 lo llevaron a la Sabana de los Caracoles (actual Bucaramanga), donde le hablaron de una rica provincia llamada “Xerira”. Esta noticia, junto con su muerte a manos de indígenas, alimentó la versión de una tierra mítica en el suroeste.

Diego de Ordás: En 1531, Ordás exploró el río Orinoco. Los indígenas le informaron de “Manoa”, un lugar río arriba con mucho oro. Esta fue una de las primeras menciones de este nombre asociado a grandes riquezas.

Sebastián de Belalcázar: Tras conquistar Quito en 1534, Belalcázar no encontró los tesoros esperados. Un indígena le habló de Cundinamarca, donde un rey se cubría el cuerpo con oro en polvo para ofrendarlo. Así nació la leyenda del “rey dorado” y la denominación de “la provincia de El Dorado” para ese territorio.

Alonso de Alvarado: Sobrino de Pedro de Alvarado, exploró la región de Chachapoyas en Perú. Le informaron de una tierra llana con un gran lago y un “orejón del linaje de los incas” llamado Ancallas. Sus intentos de llegar a este reino fueron frustrados por motines y la guerra civil en Perú.

Francisco de Orellana: En 1540, Gonzalo Pizarro organizó una expedición desde Quito en busca del “País de la Canela”. Orellana, parte de esta expedición, se separó para buscar alimentos y terminó explorando el río Grande, que luego sería conocido como el río de las Amazonas o de Orellana. En su viaje, escuchó de un gran señor llamado Aomagua y encontró oro y plata, lo que reforzó la idea de riquezas en el interior de la selva amazónica.

Felipe von Hutten: Este teniente general alemán, en 1541, siguió los pasos de expediciones anteriores desde la costa venezolana. Un indígena le aconsejó ir a “Macatoa”, una ciudad rica en oro y plata, en la otra margen del río Guaviare, habitada por los omeguas o ditaguas. Aunque inicialmente escéptico, terminó dirigiéndose hacia esa zona. Su expedición divisó una gran población con calles rectas y un edificio elevado, que los convenció de haber visto los umbrales de “El Dorado”, aunque la hostilidad de los omeguas los obligó a retirarse.

¿Dónde es El Dorado en la vida real?

Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre: Una de las expediciones más infames partió de Perú en 1560, organizada para buscar El Dorado en la región del río Amazonas (Marañón). La expedición, compuesta por soldados de moral dudosa, sufrió penurias. Ursúa fue asesinado por una conspiración liderada por Lope de Aguirre, quien se autoproclamó General. Los “Marañones” (como se les conoció) se desviaron de la búsqueda de Omagua (El Dorado) para emprender la “guerra del Pirú”, cometiendo atrocidades y masacres hasta que Aguirre fue traicionado y ejecutado por sus propios hombres.

Pedro Malaver de Silva: Participante en las conquistas de Perú y Nueva Granada, Malaver de Silva obtuvo una licencia real en 1568 para conquistar la “Nueva Extremadura”, un vasto territorio en las Guayanas que abarcaba las provincias Omaguas, Omeguas y Quinaco. Su primera expedición, con 600 hombres (muchos de ellos judíos conversos), enfrentó penurias en los llanos venezolanos, lo que llevó a deserciones masivas. Aunque llegó a Barquisimeto, su obsesión lo llevó a una segunda expedición en 1574, esta vez entre el Amazonas y el Orinoco, donde casi la totalidad de su gente, incluyendo él y sus hijas, falleció por el territorio y los ataques indígenas.

Antonio de Berrío y Walter Raleigh: A finales del siglo XVI, el rumor de un gran lago interior en las Guayanas, conocido como Paragua o Parava (que significaba mar o lago grande), cobró fuerza. Antonio de Berrío, heredero de la capitulación de Jiménez de Quesada, realizó varias expediciones a la cuenca del Orinoco. Basándose en un supuesto diario de Iones Martínez (quien decía haber vivido en la ciudad de “Manoa”, donde el oro abundaba), Berrío imaginó una Manoa con techos y calles doradas. Sus esfuerzos cartografiaron el inexplorado escudo guayanés, pero también plasmaron en los mapas el mito del gran Lago Parima, un valle inundado rodeado de montañas. El corsario inglés Walter Raleigh, al interceptar las cartas de Berrío, se obsesionó con Manoa. En 1595, Raleigh incursionó por el Orinoco y Caroní, publicando un libro, “El Descubrimiento del vasto, rico y hermoso imperio de las Guayanas”, donde describía el lago interior de agua salada. Aunque su búsqueda fue infructuosa y le costó la vida, su relato popularizó el Lago Parima en los mapas europeos hasta mediados del siglo XVIII, a pesar de que la realidad era una planicie de inundación del río Parime.

Manuel Centurión: Gobernador de Guayana a mediados del siglo XVIII, Centurión se propuso desentrañar el misterio del Lago Parima y el “Cerro Dorado”, motivado por la necesidad de consolidar el dominio español frente a las intrusiones holandesas, francesas y portuguesas. Sus expediciones, aunque con planos detallados y el apoyo de caciques locales como Paranacare, solo encontraron sabanas inundables y ningún lago ni mina de oro. La expedición de Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en 1800 finalmente confirmó que el Lago Parima no era más que una gran crecida del río Parime.

La Realidad del Mito: Desagüe de Lagunas Sagradas

La historia de las ofrendas de oro y esmeraldas en las lagunas sagradas de los Muiscas llevó a intentos directos de drenarlas en busca de tesoros:

  • Laguna de Guatavita:
  • El primer desagüe fue realizado por Hernán Pérez de Quesada, el hermano de Gonzalo, recuperando solo una pequeña cantidad de oro.
  • En 1652, un mercader de Bogotá, Sepúlveda, intentó drenarla, obteniendo únicamente una valiosa esmeralda.
  • Una compañía inglesa, a principios del siglo XX, logró desaguarla casi por completo, encontrando una capa de lodo de tres metros de espesor. Aunque hallaron algunos tunjos, esmeraldas y cerámica, no se comparó con las fabulosas riquezas soñadas.
  • Laguna Siecha:
  • Fue parcialmente desaguada en 1856, hallándose varias esmeraldas y piezas de oro, incluida una balsa muisca similar a la del Museo del Oro, aunque esta desapareció.
  • Un nuevo intento en 1870 por Crowther y Enrique Urdaneta terminó en tragedia, con la muerte de los exploradores por asfixia antes de completar el túnel de drenaje.

¿Se Encontró El Dorado? La Verdad Detrás de la Leyenda

La respuesta directa es no, la fabulosa ciudad o reino de El Dorado, pavimentado en oro y lleno de tesoros inimaginables, nunca fue encontrado. La leyenda, tal como la concibieron los españoles, era una amalgama de un ritual sagrado Muisca y la propia ambición desmedida de los conquistadores.

Lo que sí se encontró fue la rica cultura de los Muiscas, sus impresionantes obras de orfebrería y sus lugares de ofrenda. La «Balsa Muisca» es el ejemplo más famoso de los artefactos que sí existieron y que hoy atestiguan la veracidad del ritual del “hombre dorado”.

Las costosas y a menudo trágicas expediciones, desde el siglo XVI hasta el XX, no lograron su objetivo. Aunque se recuperaron algunos artefactos de oro, cuentas de piedra y cerámica, la magnitud de los tesoros descritos en la leyenda nunca se materializó. Quizás esto sea lo más apropiado, ya que la intención original de los Muiscas era que sus ofrendas al sol permanecieran para siempre en el fondo de sus lagunas sagradas, no para ser saqueadas por la codicia humana.

Preguntas Frecuentes sobre El Dorado

¿Qué es El Dorado?

Originalmente, El Dorado se refería al legendario rey del pueblo Muisca de la actual Colombia, que se cubría de oro en polvo durante una ceremonia de coronación. Con el tiempo, la leyenda evolucionó para referirse a una mítica ciudad perdida o a un reino entero de oro.

¿Dónde se ubicaba la ceremonia del Hombre Dorado?

La ceremonia original del “hombre dorado” de los Muiscas se realizaba en la Laguna de Guatavita, al norte de la actual Bogotá, Colombia.

¿Por qué el oro era importante para los Muiscas?

Para los Muiscas, el oro no tenía un valor monetario como moneda, sino que era apreciado por su brillo, su incorruptibilidad y sus asociaciones espirituales, especialmente con el sol. Se ofrecía a los dioses en lugares sagrados para mantener el equilibrio del cosmos.

¿Se encontró alguna vez El Dorado?

No, la ciudad o reino de oro de El Dorado, tal como lo imaginaron los conquistadores, nunca fue encontrado. Se hallaron artefactos de oro y esmeraldas en lagunas como Guatavita, pero no las vastas riquezas legendarias.

¿Qué es la Balsa Muisca?

La Balsa Muisca es una pieza de oro precolombina que representa la ceremonia del cacique cubierto de oro en una balsa, rodeado de otras figuras. Fue encontrada en una cueva y hoy se exhibe en el Museo del Oro en Bogotá, siendo un testimonio clave de la leyenda de El Dorado.

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