26/04/2023
La riqueza cultural de los pueblos originarios de México se manifiesta de innumerables formas, y la gastronomía es, sin duda, una de las más vibrantes y sabrosas. Para la comunidad indígena náhuatl, la comida no es solo sustento, sino un pilar fundamental de su identidad, sus tradiciones y su profunda conexión con la tierra y el cosmos. Un claro ejemplo de esta preservación y difusión cultural es la Cuarta Feria Gastronómica de la Comunidad Indígena Nahua de Hueyapan, Morelos, un evento que invita a locales y visitantes a sumergirse en un universo de sabores ancestrales.

El sábado 19 de diciembre, la explanada de la ayudantía municipal de Hueyapan se transformó en un epicentro culinario bajo el lema “Xiwalagan titlahuasque huelik”, que en náhuatl significa “vengan vamos a comer sabroso”. Esta feria, impulsada por el grupo cultural “Tlatlahualoyan” y apoyada por la CDI, tiene un doble propósito: difundir la vasta diversidad de alimentos dulces y bebidas elaborados principalmente por mujeres de la comunidad, y al mismo tiempo, fomentar un proceso de revaloración de la gastronomía indígena y promover el consumo de productos locales. Es una iniciativa que va más allá del simple comercio; es un acto de afirmación cultural y un legado para las futuras generaciones.
Platillos que Cuentan Historias: La Diversidad Gastronómica Nahua
La gastronomía náhuatl es un testimonio vivo de la adaptabilidad y el ingenio de un pueblo que ha sabido aprovechar los recursos de su entorno para crear delicias únicas. En la feria de Hueyapan, los asistentes tuvieron la oportunidad de degustar y adquirir una impresionante variedad de platillos, muchos de ellos elaborados con ingredientes de la milpa y el campo local. Entre los manjares ofrecidos se encontraban los nutritivos quelites y quintoniles, hierbas silvestres que son un pilar en la dieta tradicional. También destacaron las tortas de haba, las memelas de manteca y los tlacoyos, preparaciones a base de maíz que son esenciales en la cocina mexicana ancestral.
El sabor profundo de la cultura náhuatl se hizo presente con el mole rojo y verde, caldos reconfortantes de gallina y res, adobo y cecina, así como el huaxmole, un guiso emblemático con guajes. El pan de agua y trigo, los tamales de frijol, calabaza, blancos y con carne, y las tortillas, tanto de trigo como las distintivas tortillas azules, ofrecieron una muestra de la versatilidad del maíz y otros cereales. Las salsas, como las de jumil y cacahuate, añadieron un toque picante y terroso, complementando el queso ranchero, un producto lácteo fresco de la región.
Bebidas y Dulces: Reflejos de la Tierra
Para acompañar estos platillos, la feria presentó bebidas tradicionales que son parte integral de la vida cotidiana náhuatl. El atole de anís y trigo, y el champurrado, una bebida espesa a base de maíz y chocolate, brindaron calidez y dulzura. Los postres, elaborados con frutas de temporada y productos locales, incluyeron dulces de tejocote, calabaza y el misterioso ixquiotl, que aunque no se especifica su composición, representa la riqueza de los sabores dulces de la comunidad. Estas preparaciones no solo deleitan el paladar, sino que también reflejan la sabiduría ancestral en el uso de los recursos naturales.
El Tesoro de "Machistlahualchiualme": Un Recetario Vivo
La feria gastronómica es solo una parte de un proyecto más ambicioso de rescate cultural. El grupo de mujeres “Tlatlahualoyan”, surgido de un proceso de consulta para el desarrollo de pueblos indígenas en 2011, ha trabajado incansablemente para fortalecer y difundir la cultura, lengua e identidad de Hueyapan. En las ediciones anteriores de la feria, se inició un valioso proceso de registro de información sobre platillos, con la visión de publicar un recetario que involucrara a los jóvenes de la comunidad. Estos jóvenes, quienes también participan en talleres de enseñanza de la lengua náhuatl, sistematizaron la información y prepararon platillos tradicionales para exhibición y degustación, conectando así con sus raíces culinarias.

El fruto de este esfuerzo es el recetario Machistlahualchiualme, cuyo título significa “Sabores y Comida de Hueyapan”. Su presentación oficial se realizó el mismo 19 de diciembre, en el marco de la Cuarta Feria Gastronómica. Ejemplares gratuitos fueron entregados a las mujeres participantes en la feria y a algunos asistentes, asegurando que este conocimiento ancestral perdure. Esta publicación fue gestionada por los propios jóvenes, a través de la convocatoria de Proyectos de Apoyo a Comunicadores Indígenas (APCI) de la CDI en Morelos, lo que subraya la importancia de la autonomía y el liderazgo juvenil en la preservación cultural.
Algunos de los platillos destacados en el recetario Machistlahualchiualme incluyen el tlemole (conocido como mole de olla), el yexotl iga laurel (ejote con laurel), el guaxmole (mole de guaje), el istaknanagatl (hongo blanco) y la salsa de hongos azules. También se detallan preparaciones como huevos con masa sobre comal, pipián, cueclas, huazontle, gusanos de capulín, el refrescante tepache, camote de chayote, tamales anchos, memelas de trigo, dulces de tejocote y tortas doradas de chilacayote, así como alaches y más huazontles. Cada receta es un fragmento de la historia y la sabiduría de Hueyapan, un legado de sabores que merece ser explorado y valorado.
Más Allá del Plato: Comida y Tradición en la Cosmovisión Nahua
Para los náhuatl, la comida es mucho más que un simple acto de alimentación; es un elemento imbricado en su idioma, rituales y concepción del mundo. La palabra náhuatl para “comida” es tlaqualli, una palabra que encapsula la esencia misma del sustento y la nutrición. En textos antiguos, como el Codex Chimalpahin o la Guía de Confesión de Bartolomé de Alva, encontramos menciones de “tlaqualtzintli” para referirse a la comida en un contexto de ofrenda o provisión. Por ejemplo, “Let [the Spaniards] peacefully receive food: turkey hens, eggs, shelled corn, grass, water” o “did you accompany, bury and wrap each one of them up with henequen cloaks, tobacco, tumplines, sandals, money, water, food, [and all] unbeknownst to the priest?”. Incluso se menciona la comida de los chichimecas como “nupalli, nochtli” (nopal y tuna), mostrando la diversidad de dietas según la región.
El maíz, o tlaoltzintli, es el alimento primordial y sagrado por excelencia. La cosmovisión náhuatl lo considera un ser vivo, con alma, que incluso "llora si lo maltratan". Esta profunda reverencia se extiende a prácticas como no comer elotes tiernos con sal, pues se cree que esto impide el buen desarrollo del “mateado” (mazorcas). La aparición del huitlacoche (kukuchi), ese hongo comestible que crece en el maíz, se atribuye a que "defecan en la milpa", una creencia que fusiona lo natural con lo mítico.
La comida juega un papel crucial en los rituales funerarios. Cuando una persona fallece, se le provee de maíz, agua y comida para su viaje por el camino de Dios. Se cree que el difunto debe arrojar maíz para distraer a los pájaros que intentan picotearlo, una imagen poética que resalta la importancia de la provisión alimenticia en el tránsito al más allá. En los velorios, las mujeres preparan alimentos, como enchiladas de ajonjolí o pollo, para los presentes, y al finalizar el novenario, se ofrece una comida ritual, reafirmando la comunidad y el apoyo mutuo en momentos de duelo.
Rituales y Creencias: La Profundidad de la Cultura Nahua
La cosmogonía náhuatl se manifiesta en numerosos rituales que marcan hitos importantes de la vida, desde el inicio del trabajo agrícola hasta el estreno de una casa, los funerales, las iniciaciones y el matrimonio. Los nahuas de esta región conciben el cielo dividido en dos mitades: una regida por Dios y otra por el “Malo”. En el cielo de Dios, las almas de los difuntos tienen tareas específicas: los jóvenes siembran maíz, las señoras preparan la comida y cuidan a los angelitos, mientras que las ancianas atienden pollos y flores y abrazan a los niños pequeños, quienes “maman en las espinas de los árboles de ceiba que tienen forma de senos”.

Contrastando con ello, la mitad del cielo del “Malo” recibe a quienes fueron asesinados o cometieron brujería o practicaron dos religiones. Allí, los asesinos son arrojados al agua hirviendo, y los asesinados, si son jóvenes, trabajan en tareas como cercar, limpiar y mantener el fuego. Esta dualidad es fundamental en su comprensión del destino post-mortem.
La forma de fallecer también determina el tipo de ceremonia funeraria. Para quienes mueren de vejez, mujeres en el parto, y jóvenes o niños por enfermedad o brujería, la ceremonia es similar: se baña el cadáver, se le viste con ropa nueva y se le acuesta frente al altar doméstico, cubriéndolo con flores. Se encienden velas y se quema copal en un incensario. Los asistentes al velorio llevan ofrendas como flores, velas, maíz, frijol y chile. Dentro del ataúd, se colocan objetos como un plato, una taza, un canuto de carrizo con agua de pozo y xiles, monedas en una bolsita de tela y una virgen de Guadalupe, todo para asegurar una buena acogida por Dios en el cielo. Al terminar el novenario, además de la comida ritual, la lavandera del difunto realiza un barrido especial, juntando la basura con la ropa o cobija del fallecido y su petate, dejándolo todo entre la maleza cercana a la casa para que se pudra, un gesto simbólico de retorno a la tierra. El rezandero y la lavandera reciben pago por sus servicios, reflejando el valor de estas prácticas tradicionales.
Un ritual agrícola de gran relevancia es el “tlamanes”, una ceremonia para invocar la lluvia, que involucra a miembros de una comunidad o incluso a varias localidades. Cuando la sequía amenaza las cosechas, se baña a San Antonio y se le ofrecen velas. Si no es suficiente, se solicita permiso a la autoridad local para una ceremonia comunal, pidiendo prestada una virgen milagrosa de otro pueblo para ofrecerle una fiesta y ofrendas. La imagen se adorna en una capilla y los rezos se acompañan con música de violín y más ofrendas. Esta petición puede durar entre 8 y 15 días, con campesinos presentándose cada noche para pedir una buena cosecha. Las ofrendas son variadas: ceras, sal, maíz, frijol, nixtamal, refrescos, pan, café, piloncillo y dinero. Si hay un enfermo, se busca un padrino de “pepentle”. Parte de la ceremonia incluye un “mitote”, un baile en el que participan ancianas, niños y señoritas. Al finalizar, la imagen es devuelta con las limosnas y ofrendas sobrantes, y se espera la lluvia en los siguientes días, consolidando la fe y la interconexión comunitaria.
Preguntas Frecuentes sobre la Gastronomía y Cultura Náhuatl
¿Qué es el tlemole?
El tlemole, también conocido como mole de olla, es un caldo tradicional náhuatl que se caracteriza por su riqueza de sabores, combinando carne, verduras y una base de chile.
¿Qué son los quelites y quintoniles?
Son hierbas silvestres comestibles muy apreciadas en la cocina indígena mexicana. Los quelites son un término genérico para diversas plantas tiernas, mientras que los quintoniles son un tipo específico de quelite, hojas de amaranto, ambos utilizados por su sabor y valor nutricional en caldos y guisos.

¿Cuál es la importancia del maíz en la cultura náhuatl?
El maíz, o maíz, es fundamental. No es solo un alimento básico, sino un ser vivo y sagrado en la cosmovisión náhuatl. Se le considera con alma, y se cree que “llora si es maltratado”. Su cultivo y consumo están profundamente arraigados en rituales y creencias, siendo una fuente de vida y conexión espiritual.
¿Qué es la feria gastronómica de Hueyapan?
Es un evento anual en la comunidad náhuatl de Hueyapan, Morelos, organizada por el grupo “Tlatlahualoyan” con apoyo de la CDI. Su objetivo es difundir la diversidad de la cocina náhuatl, revalorar la gastronomía indígena y promover el consumo de productos locales, celebrando la identidad y las tradiciones de la comunidad.
¿Qué es el "Machistlahualchiualme"?
Es un recetario titulado "Sabores y Comida de Hueyapan", resultado de un esfuerzo de documentación de platillos tradicionales por parte del grupo “Tlatlahualoyan” y jóvenes de la comunidad de Hueyapan. Fue gestionado a través de la convocatoria APCI de la CDI y busca preservar y difundir el conocimiento culinario ancestral náhuatl.
¿Cómo se relaciona la comida con los rituales funerarios náhuatl?
La comida es una ofrenda esencial para los difuntos. Se coloca maíz, agua y comida junto al cadáver para ayudar al alma en su viaje al más allá. Durante los velorios y al finalizar el novenario, se preparan y comparten alimentos rituales, como enchiladas de ajonjolí o pollo, para nutrir y unir a la comunidad en el proceso de duelo y conmemoración.
En definitiva, la gastronomía náhuatl de Hueyapan, Morelos, es un universo de sabores y saberes que trasciende el mero acto de comer. Es una expresión viva de la identidad, la historia y la profunda conexión de un pueblo con su tierra y sus creencias. Iniciativas como la Feria Gastronómica y la publicación del recetario Machistlahualchiualme son faros de luz que garantizan la permanencia de estas tradiciones, invitándonos a todos a apreciar y celebrar la inmensa riqueza cultural de México.
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